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12 abr 2020

UNA TRISTE HISTORIA DE AMOR

El amor secreto de Juan
Juan Adelantado Luguense, hombre silencioso, osco y de pocas palabras, vivía solo en una hermosa y señorial casa, situada en las afueras de la bella ciudad de La Laguna. La había heredado de sus antepasados, una familia de renombre. Con él se acaba una estirpe de siglos. Juan estaba enfermo, muy enfermo. Le habían diagnosticado una enfermedad terminal a sus cuarenta y tres años, tirando por tierra todos sus sueños. Ese día, Juan, sedado por el dolor, estaba inquieto. Era un día muy especial para él. Pues era el cumpleaños de Olivia, su vecina, su amor secreto, por el que siempre había suspirado, pero a la que nunca había expresado esa emoción, ese deseo encubierto.
Juan buscó unos folios y se puso a escribir. Quería expresar todo ese sentimiento que había guardado tan celosamente en su interior, a pesar de estar siempre juntos. Era su mejor amiga y nunca había querido pasar ese umbral, por respeto, por su inmadurez, por falta de decisión y vergüenza... ¡No le llegaban las palabras! ¡Tenía mucho miedo frente a un posible no de Olivia!.
Escribió mucho, expresó todo lo que durante años guardaba. Al terminar, nervioso y emocionado, rompió a llorar. Unas lágrimas cayeron sobre el papel escrito manchando aquellos folios donde plasmara todo su amor. Letras hilvanadas que supo ordenar para expresar todos sus sentimientos secretamente guardados en su interior.

Juan, con el rostro empapado en su llanto, se levantó con los folios en su mano izquierda mientras con la otra, secaba bruscamente su cara. Buscó un sobre en la gaveta de su antiguo buró de donde había cogido los folios y los metió dentro. Lo cerró como pudo y puso el nombre de Olivia de la Cruz por fuera.

Ese día hacia mucho frío. Se sentía mal pero quería realizar aquella acción antes de que fuera demasiado tarde. Se puso una bufanda, cogió su vieja gabardina del perchero de la entrada y salió a la calle. Olivia vivía cerca. Seguro que tendría fuerzas para llegar a su buzón. Con pasos decididos, Juan sabía que le quedaba poco tiempo, no vaciló en ningún instante en seguir adelante. Tras cruzar la desierta calle, llegó, no sin dificultad, a la casa de su deseada y amada amiga. Con manos temblorosas quiso meter la carta en el buzón. Al levantar sus brazos para hacerlo sintió la presencia de alguien cerca, muy cerca. Se adelantó un poco más y justo detrás de la puerta de entrada se encontró con su amiga. Juan, asustado al verla, quiso respirar profundamente, sintió un dolor en el pecho, le faltara el aire y cayó fulminado al suelo. Olivia se acercó a él gritando su nombre y logró levantar su cabeza entre sus brazos preguntándole que le pasaba. Juan lloraba, sabía que era su último suspiro. Mirando Fijamente a los ojos de Olivia, solo pudo musitar unas palabras, mientras alzaba débilmente su mano ante ella. -toma amor, mi carta de despedida- Juan, con sus brazos ya caídos sobre las piernas de Olivia, y con una bella sonrisa en su boca, cerró los ojos para siempre con un profundo suspiro.
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