Creando, construyendo, disfrutando lo que somos, experimentando lo que escribimos...

Bienvenido al blog de Lange Aguiar.
Disfruta y crea, ¡TÚ TAMBIEN PUEDES HACERLO!.
Está permitido emocionarse, llorar, reir y, sobre todo SER, COMPRENDER y VIVIR.

30 mar 2021

PRIMAVERA

 

¿VERDAD O NIEBLA?

 La primavera


Aquí estoy Padre en este lugar

que decidí venir en tu nombre,

a compartir el amor,

a pesar de todas las dificultades del camino.

A saber y experimentar que eres TÚ

quien guía mis pasos

pues yo solo soy TÚ y TÚ estás en mí

y si es así, SOY, SOMOS el todo,

TÚ conmigo, YO contigo...

Gracias Padre por permitirme vivir

esta experiencia de plenitud y vida

encarnada en este planeta.

Te amo eternamente,

porque SOY AMOR

y porque desde la eternidad vengo

y la ETERNIDAD YO SOY.


Descubrir mi Esencia, respirar,

como voluntario, el aire de la tierra.

Sentir la finitud de mis células...

descubrir, por lo vivido, que soy una Célula

de LA LUZ PRIMERA

experimentándose en toda la plenitud

de sus emociones y desde ahí,

dar luz en la materia,

en mi cuerpo,

en las oscuras esferas...


Sigo, desde ahí, construyéndome

en el amor y la justicia,

en la paz y la solidaridad,

en construir mi vida

en un remanso de felicidad...

A experimentar

la paciencia, la tolerancia,

la justicia y la paz.

Quiero crecer en aprendizaje y sabiduría,

Aprendiéndolo todo

desde la experiencia vivida...

No es posible desperdiciar

ningún momento de mi vida


Sé, afirmo, y proclamo

una única VERDAD

¡¡¡soy un SER ESPECIAL...!

como los somos cada uno de nosotros,

un ángel sin alas... una luz encarnada...

Soñar con los sueños de otros no es soñar.

Es vivir en una nube sin agua.

Es volar con alas prestadas o robadas.

Es creer que viajas en un barco sin mar...

nuestro viaje es el nuestro

aunque en el viajen otros

seres contigo, en un mismo crucero

pero... estás subido a tu tren de vida,

estás sentado en Tu Ser,

en el asiento de tu Esencia Divina.


Aún así Muchas veces Me pregunto

¿Qué es ser persona?

y las respuestas no las trae el viento.

¿Dónde se encuentra la respuesta?

Seguro que en todos los versos,

escritos en estas reveladas letras.


Llegó el tiempo, se hizo el silencio

callé los gritos que me ensordecían dentro

Se borró la niebla. Se crearon los círculos.

Se dibujaron las letras y llegó la respuesta...

Se grabaron mis huellas...

Seguí caminando sobre la faz de la tierra...


Camina, viaja, experimenta la verdad...

que tú eres en esta maravillosa esfera

en la que viajas por toda esta galaxia entera.

¡¡¡Te deseo una eterna y bella primavera!!!

(C)Lange Aguiar

País: Canarias. Esp.





25 mar 2021

RECUERDOS (6) ¿SUEÑO? ¿CUENTO? ¿REALIDAD?...

SÉ QUE NO ES UN SUEÑO, PERO...TAMPOCO ES UN CUENTO.

Es mi propósito ahora mismo plasmar los pensamientos que rondan mi cabeza desde hace unos días y me hacen daño. Quiero expresar lo que siento y vivo en estos momentos, con las letras aprendidas de la lengua con la que pienso y me comunico. Son sentimientos viejos. Son emociones perdidas que se expresan en mi piel en el momento presente.
Quiero escribir un texto contando historias que me ocurrieron hace ya mucho tiempo y no sé como hacerlo. No surgen las palabras adecuadas. No expreso bien, por más que lo intento una vez tras otra, estos recuerdos que me persiguen desde hace un tiempo. Mis dedos no dibujan ni una sola letra coherente con la que me sienta satisfecho. Mis manos no teclean ni una sola frase en las que puedan cabalgar mis emociones. Más bien lo contrario: cuando mis dedos escriben algo mis manos borran, una tras otra, comienzos de historias que no me dicen nada, que no reflejan realidades sentidas y vividas. Historias mías en las que se humedecen los pensamientos, se ahogan las emociones y se descalabran los sentimientos. ¿Historias? ¿Mías?¿Recuerdos?... Mi cabeza me va a estallar...
A
¡¡¡QUIERO ESCRIBIIIIR!!!
¡¡QUIERO ESCRIBIRRRRRRRRR!!
Gritos en mi mente que me atenazan el corazón. ¿DE VERDAD QUE NO PUEDO HACER NADA? Preguntas que quiero responder, pero las cascadas de las palabras en el río de mi cerebro no encuentran las respuestas adecuadas, ni dibujan, por asomo, la imagen literaria del estado en el que me encuentro ahora mismo.
¿Y si me sumerjo en el lago de los sueños, en la laguna de las letras en el que acaba la cascada del río que mana de mi mente? ¿Y si no respiro? ¿Y si cierro los ojos y dejo que fluya el silencio del agua en mi interior, su luz inmensa, su quietud perenne? ¿Y si dejo que se apoderen de mí y me embriaguen los verbos escurridizos, las palabras ya pronunciadas y sentidas, las letras formando frases con sentido y los párrafos que suscriben experiencias de vida ya vivida?
Me lanzo al lago. Me dejo abrazar por su belleza y surge el milagro. Escucho el silencio... ¡Hay un bello silencio! Quiero quedarme en el silencio un buen rato. Silencio, solo silencio. Quiero embriagarme de este purificador silencio. Había mucho ruido de palabras rotas en mi mente que quería parar. Ruidos de cientos de sensaciones, de miles de letras que me gritaban sin cesar en el oído...
Me quedo inmóvil frente a la pantalla de mi portátil. Respiro hondo. Cierro los ojos. Surge una imagen. Atrapo un recuerdo. Describirlo puedo y quiero... me libero de la emoción que me embarga... huelo el gas que se esfuma... Me duele mucho la cabeza. Estoy tirado en el suelo. Se acabó el gas de la cocina. El suelo está húmedo. Lloro de rabia porque sigo vivo. Lloro de alegría porque no he muerto. La muerte se aleja de mí a paso ligero. No quiere aún que me reúna con ella. Sabe que no es el momento. Mis guardianes han vuelto a defenderme, le han pedido que se vaya...yo... respiro de nuevo... con dolor de cabeza... con el gas incrustado en mis poros; me...¿despierto?... corro a buscar un papel... me veo escribiendo, una tras otra, letras temblorosas, sensaciones encontradas, imágenes nubladas, lágrimas derramadas...
¿Para qué seguir viviendo? ¿para qué seguir mirando de frente el horizonte si siempre se aleja cuando lo quiero alcanzar, si la meta no se deja coger? Respiro profundamente... tomo conciencia de que solo quiero SER...
Es mi misterio, es un misterio que quiero descubrir en este sueño. Cierro los ojos. Me sumerjo en el silencio, Me inundan las palabras de varios ríos revueltos. ESCRIBIR QUIERO, Lanzar al viento, emociones, sensaciones y sentimientos llenando de luz y de sentido mi verbo. Esto es una ¿historia? Es... ¿un recuerdo? O es...¿un sueño? Lo que si sé que esto que escribo no es un cuento...
Respiro profundamente de nuevo y... ¡SE HACE LA LUZ; LA INFORMACIÓN ME LLEGA COMO UN ESTRELLAZO EN LA FRENTE, EN LA MENTE, EN EL PENSAMIENTO, EN LA CONCIENCIA... ¡Sí...lo sé!...ahora lo sé...¡el horizonte sirve para avanzar, amigo mío, para caminar, para experimentar el camino para, simplemente, vivir SIENDO... ! Es lo importante, por eso el horizonte está al frente. Se aleja...siempre se aleja...pero el camino está bajo tus pies para dejar marcadas las huellas de tu destino. Abro los ojos, leo lo escrito y sonrío. Sigo respirando...¡ESTOY VIVO!...
(c) Lange Aguiar.
País: Islas Canarias. Esp.
Foto: álbum familiar. Tenía dieciocho años



19 mar 2021

Día Mundial de la Poesía 21 de Marzo 2021. Homenaje a Federico García Lo...

Un recuerdo, una emoción, un sentimiento, una existencia, una vida cargada de verdad y un ser comprometido, un poeta para la eternidad , un día eterno y sin tiempo, un día, el de la poesía, que llena todas las esquinas de nuestro universo. Gracias letras... ¡abrazos mis amados y eternos versos!

18 mar 2021

El EGO que SOMOS. Poema de Lange Aguiar DIA MUNDIAL DE LA POESÍA

PARTICIPANDO EN EL EVENTO PROMOVIIDO POR EL Congreso Universal de Escritores, POR EL 21 DE MARZO, DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA.
Lange Aguiar es mi nombre literario. pero mi nombre real es Miguel Díaz. Mi ultimo libro es un poemario "SER DE LUZ, Hijo de la Tierra" editado por la editorial Vive Libro. (https://editorial.vivelibro.com/.../ser-de-luz-hijo-de-la...)
Soy de Tenerife, (Islas Canarias). Psicólogo. He publicación varios libros en ese ámbito, como el de la motivación de las personas voluntarias (https://www.fundacionfade.org/.../40-motivaciones-de.../file) o el "cuaderno del tutor escolar"
Les comparto un vídeo con un poema mío.
Gracias por todo y es un placer sentirles tan cerquita en las letras.
FELIZ DIA DE LA POESÍA

14 mar 2021

RECUERDOS (5): UNA BODA, UN MAREO...

 ¡PARA LA CAMA MAMÁ, PARA LA CAMA!

Camino en silencio. Sé que hoy ha sido un día muy especial. Desde que amaneció tuve esa sensación. Desde que me desperté de aquel sueño de letras de fuego lo sé. Aún es temprano para ir al colegio y después de visitar la vieja carpintería de Don Fernando, con lágrimas en mis ojos, decido entrar a desayunar en el viejo Bar Parada, lugar donde viví y trabajé durante muchos meses cuando apenas tenía 13 años (ya contaré esta historia). Mientras pido un café con leche y un bocadillo de queso tierno, veo a un viejo conocido de mi niñez, justo un compañero de trabajo de aquellos años. Él se me queda mirando con un vaso de vino en la mano como queriendo conocerme, pero yo no le doy ninguna pista. Solo lo observo. ¡Tan temprano y ya bebiendo! pienso. Mis recuerdos, vuelven a embriagarme con lo que observo. Son viejos pensamientos que me llevan a otros espacios existentes de mi cerebro. Espacios que se mezclan en presentes pasados de tiempos que aún no han muerto y que todavía retumban con fuerza y me veo de repente en mi propia boda.
Te miro a los ojos mientras termino de beber una buena copa de vino. ¡es nuestra boda amor!. El reflejo de tu mirada me traslada momentáneamente a otro lugar, a otro tiempo. Al cerrar los ojos me vienen los recuerdos de otro momento aún latiendo en mi cuerpo.
Desde que amaneció sabía que el día iba a ser muy diferente. Desde mi cama podía sentir los nervios de mis hermanas, el revuelo en la cocina de mi madre y el griterío de la gente en la calle. Me levanté rápidamente. No me quería perder nada de lo que estaba ocurriendo. Se respiraba alegría. Se olía a ropa nueva. Las chicas más jóvenes cuchicheaban en la esquina de mi calle, justo al lado de la venta de doña Carmen, contándose los secretos de lo que se iban a poner esa tarde. Sus madres iban de casa en casa buscando los platos, vasos, copas cubertería…de los ajuares viejos, esos que se guardaban en las alacenas de todas las casas y que solo se sacaban de allí para algún acontecimiento importante. ¡Lo que se preparaba para este día lo era!
Mi vecina, la alegre y hermosa Lola, se casaba. La costurera del pueblo. La que tanto cariño tenía por mi familia. La bella Lola celebraba la primera boda a la que yo asistiría. En mis nueve años de vida no había conocido ninguna novia. No había vivido una boda. No había experimentado esa emoción contenida en la vecindad, en mis amigos. No había olido tanto a ropa nueva, ni sentido tan cercano el coqueteo de la chicas. No conocía la profunda solidaridad y generosidad de los vecinos y vecinas para ayudar en los preparativos de tal acontecimiento festivo, desempolvando los muebles, sacando los mejores manteles calados y bordados que guardaban con tanto celo; organizando y llevando mesas y sillas a casa de Lola para los invitados. Guisar las papas, amasar el gofio, y cocinar el pescado salado con el aromático y fabuloso encebollado, labor en la que mi madre se entregó a fondo. Y, por supuesto, buscando las mejores botellas para llenarlas de vino blanco, “del sabroso vino de ICOD” ,- era lo que les oía decir a los mayores cuando lo bebían, mientras jugaban al envite en casa Carmen-. Vino blanco que desde aquel día me seria muy difícil olvidar, por todo lo que viviría después.
Al caer la tarde comenzó la ceremonia. Las lágrimas desbordadas de la madre de Pedro, el novio de Lola; los gemidos contenidos de Doña Carmen, la ventera. La sonrisa de mi madre; los sollozos de Doña Consuelo, la abuela de Lola y , sobre todo, la radiante y feliz cara de la joven costurera. Son recuerdos que no me abandonan.
A todos los niños y niñas nos pusieron juntos en una mesa del patio, bajo un gran parral. Yo era el mayor de todos ellos y no me sentía muy a gusto allí sentado. Junto a nuestra mesa pusieron la de los más jóvenes y me senté con ellos. Me gustaba oír sus historias, sentir sus risas y experimentar sus sensaciones. Bebí con ellos. Era mi primera vez. Bebí y bebí sin control. No conocía bien ese “sabroso sabor”. Ellos me ponían un vaso tras otro y yo me los bebía sin apenas respirar. Al final me hicieron beber una mezcla de cerveza y vino que me amargó el estómago mientras se reían a mandíbula abierta... supongo que por la expresión de mi cara. Lo demás lo recuerdo en nebulosa. Se que me levanté mareado, muy mareado y me fui a casa que la tenía al lado. No me sentía bien. Tenía los sentidos atrofiados. No coordinaba mis pensamientos. La visión se me nublaba. Mis piernas temblaban. No sé como llegué a mi cama, pero al tumbarme sobre ella todo se movía. la habitación comenzó a girar a mi alrededor. La cama no paraba de dar vueltas y sentí que un río inmenso estaba a punto de explotar en mi boca saliendo de lo más profundo de mis entrañas. Expulsé todo el agrio y asqueroso contenido que se agolpaba en mi garganta. Vomité sin parar inundándolo todo. Grité con toda mis fuerzas. Lloré y sentí que todo se derrumbaba a mi alrededor. Aquel sabor asquerosamente ácido quemaba mi garganta, mi lengua, mis labios… No soportaba aquel olor que me envolvía. La cama seguía girando sin parar. Yo me agarraba con fuerza a la pared pero ésta también giraba a gran velocidad. ¡Mamá, mamá, para la cama!, ¡Para la cama mama, por favor! ¡¡Páralaaa!! Todo se volvió oscuro y caí en un profundo pozo, en un oscuro y asqueroso pozo al que jamás he querido volver.
Descubro tu mirada fijada en la mía, amor, como pendiente de mis sentimientos y mis emociones. Relajado te sonrío... tú me devuelves una maravillosa y plena sonrisa. Sé que no sabes a que recóndito lugar de la memoria viajó mi mente. Sé que no comprendes porque no quiero beber más de dos copas de vino en nuestra boda, ni en ninguna otra fiesta u otra boda. Pero siento que te alegras por ello. Cruzamos nuestros brazos, rozando nuestras copas. Nos besamos. Un flash inmortaliza este momento mientras acercamos mutuamente nuestras copas para beber el sagrado y cristalinos líquido elemento que nos ofrece el “sabroso vino de Icod”
Antonio, que era el nombre del borracho del Bar Parada, siguió mirándome... Sé que me observaba atentamente. Sé que quería decirme algo. Se que dijo algo que no entendí. Sé que me fui de allí sin esperar a terminar el desayuno. El sabor agrio de mis recuerdos, de sus caras animándome a beber, de sus caras de burla al verme perder el equilibrio y de cómo sentía sus risas cuando marchaba para mi casa, seguían taladrándome el cerebro. Salí del Bar Parada a escape, sin decir nada, sin decirle adiós siquiera, sin pagar lo consumido. Ya volvería en otro momento. No querría seguir sufriendo por algo tan viejo cada vez que veo a un ser muy bebido, pero... el destino me sigue poniendo delante estas situaciones para afrontarlo todo de nuevo y sanar mi espíritu, mi alma y mi cuerpo.
Al salir de allí me di cuenta que al fin y al cabo la experiencia vivida de niño me había alejado de la bebida y entonces comprendí que a veces ocurren algunas cosas en la vida de uno para que otras no acontezcan y doy gracias por este descubrimiento que, de pronto, acabo de darme cuenta hoy... Me relajo y dirijo mis pasos al colegio y un gato negro se cruza en mi camino, que casi me hace caer y en ese momento me surge un nuevo recuerdo, un recuerdo que me hizo aprender y ser consciente la importancia de respetar al otro sobre sus miedos o sobre el pánico y el temor que pueden tener, y no generar falsa situaciones que te puedan llevar a ello y eso ocurrió años, muchos años antes...
(Continuará)
(c) Lange Aguiar.
Canarias.
Foto del álbum familiar: Yo a los 9 años



12 mar 2021

RECUERDOS. (4) (Historia completa de esta narración). LA CARPINTERÍA...

 PERFUME A MADERA, OLOR A SERRÍN

Mientras camino hacia mi centro educativo unas lágrimas caen por mi rostro... mi mente no quiere dejarme en paz y me arrastra a un momento muy difícil de mi vida cuando escuché aquellas terribles y fulminantes palabras de boca de mi madre, diciéndoselas a mi maestro... estaba rechazando una oferta que él le hacia en ese momento. Yo tenía solo 11 años. Me faltaban casi seis meses para cumplir los doce. Unas palabras que después supe comprender y que intenté interiorizar pero con mucho dolor en mi alma.
Me asalta una visión muy antigua. Año 1964. Escuela unitaria de La Centinela en Icod. Mi maestro, un joven maestro que sustituyó el año anterior al Viejo y cansado Don Rafael, hablando con mi madre. Sus palabras suenan y retumban aún en mi cerebro, dándole protagonismo a mis recuerdos:
“Su hijo vale mucho doña Mercedes, es el mejor de mi clase. El Ministerio Nacional de Educación lo ha seleccionado para una beca especial. Podrá seguir estudiando interno, entre los mejores de la isla, en el Centro de Enseñanzas Medias del Norte”.
Yo sonreía. Mi madre lloraba, yo pensaba que por la emoción de la noticia, pero su cara se iba tornando pálida. Su rostro se tornaba sombrío. Respiró profundamente antes de hablar. Su respuesta, corta y sentenciadora, produjo un trueno en mi cerebro:
“No podrá ser don Joaquín, mi hijo empieza mañana a trabajar de aprendiz en la carpintería. Necesitamos su pequeño y mísero sueldo. Me he quedado sin mis 3 hijos mayores y sin mi marido. El chico es lo único que me queda en casa para conseguir algunas perras y dar de comer, aunque sea un poco, a sus cuatro hermanas y a su hermano más pequeño. Lo siento mucho. De verdad que lo siento mucho”.
Sentí un fogonazo en mi corazón. Estas palabras de mi madre me partieron el alma. Sabía que decía la verdad. Conocía bastante bien la situación de mi casa. Mejor dicho, la sufría. Lloré de impotencia, tragándome las lágrimas. Tan mal me quedé que no fui consciente de lo que estaba pasando a mi lado hasta un buen rato después.
Mi madre me había cogido de la mano, y casi arrastrándome, salió conmigo a toda velocidad del colegio. En la primera piedra del camino que pudo sentarse, descansó. Respiró profundamente. Me puso entre sus piernas y me abrazó con mucha fuerza, casi hasta asfixiarme. Justo en ese momento volví a darme cuenta de lo qué pasaba, y volví de pronto a la realidad, a mi triste realidad. Sentí su llanto. Oí sus gemidos. Respiré su impotencia y frustración. ¡Ella tampoco estaba de acuerdo con lo que estaba pasando. Ella, mi madre, mi adorada y tierna madre, estaba también sufriendo por mí, por su soledad, por su hambre compartida, por el abandono de su marido, por el sacrificio, que sabia tenia que hacer yo para ayudarla a salir adelante pues ella no podía hacerlo sola!
Allí mismo, con el rostro empapado, no por mis lágrimas, sino por las de mi madre, me juré que sería el hombre de la casa. Que ya no lloraría nunca más. Que tenía que sacar adelante a mi familia. Que tenía que ayudar a mi madre a afrontar la cruel realidad en la que mi padre nos había dejado cuando marchó a Venezuela años atrás y nos había olvidado unos años después. Mis hermanos mayores ya no estaban con nosotros. El mayor se había ido a buscar a mi padre y se casó allí. Otro se había casado, por poderes y también emigró a Venezuela en compañía de su suegra. El tercero de mis hermanos, estaba haciendo la jodida mili hacía un par de meses y nos habían dejado sin su sueldo. Odié en ese momento todo lo que tenía que ver con el ejército. Aún hoy, casi cuarenta años después, me dura ese sentimiento.
Animé a mi madre. Yo también la abracé con todas mis fuerzas. Quería que se calmara, que no sufriera más por mí, que dejara de llorar:
“No pasa nada mamá, Ya habrá otro momento para estudiar. Ahora toca trabajar. Estoy preparado. Mañana empezamos. Tú me llevarás a la carpintería y me presentarás a Don Fernando el carpintero. A mi me gusta el olor de la madera, su perfume. La estela que deja el serrín en el suelo. Seré un buen aprendiz mamá. Ganaré mucho dinero para ti. Tendré mucho cuidado por ti y mis hermanos. Te quiero mucho mamá”.
11 años, solo tenía once años y allí estaba frente a la puerta de la carpintería de Don Fernando. Mi madre a mi lado. Yo nervioso, triste, impotente y enfadado con la situación pues había perdido la gran oportunidad que me había dado el ministerio de educación, pero muy decidido a seguir adelante con mi compromiso. Sentía con fuerza mi coraje, casi animado y algo sobrecogido, por mi nueva tarea con el nuevo papel que me había puesto delante. el destino.
Entramos en la carpintería. El olor de la madera, del serrín de riga vieja, de las virutas del pino canario y de las estillas de tea se mezclaban en el denso aire del lugar, embriagando mi olfato. Ese olor marcaría mi adolescencia y me acompañaría siempre. Fueron meses de trabajo intenso. De aprendizaje doloroso pero hermoso. De curtir la mente y el espíritu. De moldear maderas y hacer puertas y ventanas que abrirían o cerrarían espacios públicos, particulares e íntimos.
Por eso hoy, camino del colegio, y por hacerle caso a una de las diabluras de mi mente, que el olor de la madera de la calle había provocado, decidí dar un rodeo. Un largo rodeo. Quería sentir de nuevo el aire viciado de la carpintería del viejo Fernando. Oír el vibrar de su antigua sierra, Oler su fragancia. Sentir en mis pulmones el aire viciado de la madera trabajada que tanto marcaría mi futuro.
Hoy, como ese lejano ayer, me encuentro ante la puerta de la vieja carpintería. Una puerta grande en madera de tea, pintada, años, muchos años atrás, de canelo, me devuelve el paso del tiempo. Está abierta. Entro. Hay serrín por todas partes, un gran abandono y muchas telarañas. Todavía sigue en pie la estantería donde colocaba las herramientas.
Me paro frente a ella y me veo cogiendo el viejo cepillo de madera. Una voz me saca de mis pensamientos. Es la voz de un muchacho joven que me pregunta si deseo algo. Lo miro y me veo a mí, años antes, aunque con algunos más de los que tenía yo cuando trabajaba allí. Lo miro en silencio, contesto que no con la cabeza y me dispongo a salir, pero de pronto algo me detiene: es una vieja foto colgada en la pared llena de polvo de la carpintería, justo al lado de la estantería ¡soy yo con el viejo Fernando el carpintero! No me acordaba de esa foto. Nos la hicimos el día que me iba junto a la máquina de cortar vigas de riga vieja, aprovechando que el fotógrafo del pueblo había ido a sacar unas fotos a su hija. Me quedo mirándola como paralizado, conteniendo la respiración:
-“Mi abuelo tenía mucho cariño a esa foto, por eso la hemos conservado, pero nunca hemos sabido quien es el niño que está con él. Mi abuelo murió hace unos meses y nunca nos los dijo. Solo decía que era de alguien muy especial al que admiraba mucho, por lo que había luchado en la vida para ser lo que era hoy y la verdad es que tenemos curiosidad por saberlo. ¿Usted lo conoce señor?”-
Mi silencio fue la respuesta. La emoción no me dejó contestarle y con los ojos vidriosos agaché la cabeza y salí de allí como una bala. La palabras del joven retumbaban en mi cabeza: “alguien al que admiraba mucho por lo que había luchado en la vida para ser lo que era hoy” ¿y quien era?. La verdad es que aún no lo se, pero el viejo Fernando si parecía saberlo o por lo menos eso creía él y ¡me admiraba!, me quería y jamás lo supe. ¡Dios mío... cuanta belleza ignorada encierra nuestras relaciones! Desde que había vuelto a mi pueblo, dos años antes, no había pasado por allí. ¿Por qué hoy?
Mientras me alejo de la carpintería abandonada y vieja, con el olor a serrín pegada en mi nariz, vuelvo a escuchar las palabras del viejo Fernando en mi oído:
-“Eres muy listo y especial hijo mío, no debes quedarte aquí, debes estudiar. Debes aprender mucho. Tienes que ser “alguien” en la vida. Aprende este oficio y otros muchos oficios, pero nunca te quedes en ninguno. Aprende mucho, pero quédate siempre con el Oficio de la Vida. Estudia cuando puedas, HAZ UNA CARRERA, pero nunca dejes de vivir tu vida, tu verdadera carrera es la búsqueda de tu Esencia, pero saca un título y ayuda a la gente a ser más feliz mientras ganas dinero y vivas sin problemas”-
Unas lágrimas caen por mi rostro. Un dulce sentimiento de gratitud me embarga hacia aquel hombre que supo tener la paciencia de enseñarme el oficio de carpintero, oficio que no practico, pero por el que siento un gran amor y respeto.
¿“Ser alguien en la vida”? ¿Eso pretendo con mi labor actual? Hice un carrera, sÍ... Muchos años después me licencié en psicología. Soy docente y orientador educativo. Enseño a vivir, a buscar herramientas para ser mas felices, pero... ¡muchas veces sigo dudando si sigo respetando y mimando mi Esencia!...
Un sentimiento de gratitud hacia el viejo Fernando me embarga, mientras camino hacia el colegio en el que doy clases, enfundando mis manos en mis bolsillos.
(Continuará)
(c) Lange Aguiar
Islas Canarias.
Foto: Álbum Familiar. Yo en el colegio en mi último curso con 11 años


7 mar 2021