Disfrutar de nuestros sentidos. Dar rienda suelta a lo que sentimos. Descubir la hermosura de lo que vivimos. Ser trasmisores y receptores de de un mundo más humano, más divino.
Creando, construyendo, disfrutando lo que somos, experimentando lo que escribimos...
Disfruta y crea, ¡TÚ TAMBIEN PUEDES HACERLO!.
Está permitido emocionarse, llorar, reir y, sobre todo SER, COMPRENDER y VIVIR.
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22 ago 2026
20 ago 2026
PREGÓN DE LAS FIESTAS CNO TORNERO
PREGÓN DE LAS FIESTAS
DE SANTA ROSA DE LIMA
Barrio del Camino del Tornero, San
Cristóbal de La Laguna
por Miguel Díaz Lange Aguiar
Buenas noches, vecinos, vecinas, amigos todos de esta tierra noble de este nuevo y viejo barrio.
Hay lugares que no se miden simplemente por los siglos que acumulan sus piedras, sino por la fuerza del latido de sus calles y por la memoria viva de quienes los habitan. El Camino del Tornero es uno de esos rincones donde la vida no se contempla desde la distancia de la historia lejana, sino que se construye cada mañana, paso a paso, con el esfuerzo de manos unidas y con la frescura inextinguible de lo que siempre renace.
Hablo hoy ante ustedes, no desde un afecto abstracto, sino desde una cercanía hondamente personal y sentida. Regresar a este barrio es, para mí, retornar a un territorio que guarda trozos indispensables de mi propio viaje literario y humano. Fue en estas mismas calles, bajo este cielo que hoy nos cobija, donde compartimos hace unos años la presentación de mi poemario Ser de luz, hijo de la Tierra. Aquí, donde la poesía dejó de ser solo tinta sobre el papel para transformarse en aire compartido, en diálogo sincero y en emoción palpada. En este barrio aprendí que las palabras cobran su verdadero y más profundo sentido cuando encuentran el eco de una comunidad generosa y acogedora. Guardo también en el corazón, con inmenso cariño, el honor de haber participado como jurado en la elección de la reina de nuestras fiestas; un momento único donde pude sentir de cerca el entusiasmo de tantas familias, la ilusión compartida y el brillo en las miradas de un pueblo que sabe celebrar la belleza, el trabajo colectivo y el encuentro.
Pero por encima de todo, hablar del Camino del Tornero es invocar la certeza inquebrantable de la amistad. Un hilo invisible pero indestructible me une a mujeres y hombres que son el alma verdadera de este lugar: a la memoria entrañable y siempre presente de amigos como Justo Reyes y Ángeles, a la constante entrega de Juan Ramón y a la luz limpia de Ana Gloria, a la bondad de Fermín y a la solidaridad y compromiso de Elías y a la de tantas vecinas y vecinos con quienes he tenido la dicha de compartir conversaciones sin prisa, abrazos francos e instantes que se quedan para siempre grabados en la memoria de la piel. Hoy una comision de fiesta de gente joven animada, creativa, comprometida que pone en marcha un programa lleno de riqueza cultural, festiva, alegre, creadora de comunidad y de convivencia entre vecinos y vecinas de todas las edades, y eso es crear esencia de vida y sociedad con orgullo de sentimiento de pertenencia e identidad.
Para entender la grandeza de esta comunidad hay que mirar hacia la tierra que pisamos y escuchar los nombres con los que el tiempo fue bautizando estos parajes. Estamos sobre una geografía con historia y con alma. Antiguas escrituras ya hablaban de estos parajes situados a la sombra protectora de las laderas del monte del Púlpito, de la majestuosidad de la montaña de La Atalaya y de la amplitud de los llanos de San Lázaro.
Nos encontramos asentados en una encrucijada de caminos históricos: bordeados por la carretera general, aquel kilómetro 152 por donde entre los años 1901 y 1956 vio pasar el traqueteo nostálgico del antiguo tranvía; lindando al norte con el municipio hermano de Tegueste y con la Cañada Lagunera —aquella misma que un lejano 3 de febrero de 1505, día de San Blas, Fernández de Lugo mandó a delimitar mediante mojones—; abrazados al oeste por El Portezuelo y al este por el entrañable barrio de Las Gavias.
¿Y de dónde nace el nombre que hoy nos une? Nace de la búsqueda del agua, ese bien sagrado que da la vida. En la zona del Tornero, en Tegueste, manaba una fuente histórica cuyos restos aún pervivieron en el tiempo y que alimentó de abasto a esta comarca. Por eso este camino comenzó a llamarse con la naturalidad del caminante: el camino hacia Tornero. Pero la identidad de un barrio no se impone desde fuera; la escriben sus propios habitantes. Recordamos hoy cómo entre los años 2010 y 2012, en un hermoso trabajo comunitario impulsado por la Asociación de Vecinos La Atalaya, la Asociación Juvenil Atalaya Joven, el apoyo asesor de la Universidad de La Laguna a través de Bellas Artes y la implicación de tantos vecinos a título particular, se realizó aquella consulta popular. Entre propuestas cargadas de historia local como La Hoya del Camello, La Atalaya o El Camino, los vecinos eligieron por una mayoría abrumadora el nombre con el que hoy nos presentamos con orgullo ante el mundo: el Barrio del Camino del Tornero. La semilla del esfuerzo y la devoción a Santa Rosa de Lima.
Nada de lo que hoy contemplamos existió sin sacrificio. La historia de este barrio es una lección magistral de dignidad y de unión. Debemos remontarnos a aquel mes de agosto de 1983, cuando un grupo visionario de hombres y mujeres, capitaneados por el recordado Juan José Hernández Pérez, decidieron plantar la semilla de la organización vecinal fundando la A.V.V. La Atalaya.
Eran tiempos difíciles, marcados por la escasez y las calamidades de un territorio olvidado. Tiempos en que no había agua potable en los grifos y era preciso transportarla desde el canal del Río Portezuelo-Las Mercedes, que bordeaba las laderas del Púlpito y La Atalaya; tiempos donde solo unas pocas casas contaban con luz eléctrica, donde las calles eran poco más que barranqueras y los servicios básicos brillaban por su ausencia. Pero donde faltaban las infraestructuras, sobraba el coraje, la solidaridad y la fe en el futuro.
Fue precisamente en ese mismo año de 1983 cuando llegó a estas calles la imagen de nuestra patrona, Santa Rosa de Lima, y con ella comenzaron a florecer cada mes de agosto nuestras fiestas patronales. La devoción no fue solo una expresión espiritual, sino el motor que unió aún más a la comunidad. Recordamos con emoción cómo los propios vecinos reunieron peseta a peseta el dinero necesario para comprar el solar donde hoy se levanta nuestro Centro Ciudadano, un terreno que años más tarde cederían generosamente al Ayuntamiento para que el barrio tuviera su espacio de encuentro.
A
partir de ahí, cada logro ha llevado el sello del esfuerzo
compartido: el asfaltado del camino principal y de la calle Amanecer,
la llegada del agua potable y el saneamiento —asumidos a partes
iguales al cincuenta por ciento entre el Ayuntamiento y el bolsillo
de los vecinos—, y la incansable lucha durante casi dos décadas
para que se ejecutara el Proyecto Medioambiental Zona
Tornero.
Sabemos bien que el Camino del Tornero sigue teniendo
necesidades, que el Centro Ciudadano se ha quedado pequeño para un
barrio que no ha parado de crecer, un espacio que se multiplica cada
día siendo a la vez lugar de asambleas, aula de actividades, capilla
de la Virgen y colegio electoral. Pero esa misma exigencia de
equipamientos es el reflejo de que estamos ante un barrio vivo, un
barrio que no se conforma y que sigue latiendo con ganas de progreso.
El Camino del Tornero es un barrio joven y lleno de vitalidad. Esa juventud no se mide únicamente en la edad de sus habitantes, sino en la actitud con la que se mira al mañana: la energía de quien sabe que está sembrando futuro en cada proyecto, en cada reunión asociativa, en el juego de los niños que llena nuestras plazas de un murmullo imprescindible y lleno de esperanza.
Celebrar la fiesta es, por tanto, mucho más que un paréntesis en la rutina. Celebrar es un acto de afirmación colectiva. Es el momento en que una comunidad se mira a los ojos, reconoce la historia recorrida y reafirma que nadie camina solo por estas veredas. Pertenecer no es solo ocupar un lugar en el mapa; es sentir que la memoria del barrio se construye con el abrazo, la mano tendida al vecino y la alegría compartida.
Y en el centro de esta mirada abierta, la figura de Santa Rosa de Lima. No como una imagen lejana o inalcanzable, sino como un símbolo de sensibilidad, de entrega al prójimo y de esa flor humilde y hermosa que es capaz de florecer con fuerza en medio de la sencillez. En su honor encendemos esta luz festiva, recordando que honrar a nuestra patrona es también celebrar nuestra propia humanidad y los lazos que nos unen.
Que estas Fiestas de Santa Rosa de Lima sean la casa común donde reencontrarnos, abrazarnos y mirarnos con el orgullo de lo que somos y de lo que hemos construido juntos. Que la poesía, la música, la palabra y la tradición sigan resonando con fuerza en cada rincón de este camino.
Ya para terminar, vaya un poema para esa señora santa de la orden tercera de santo Domingo es decir lo que conocemos con la orden dominica que murió muy joven y que fue ejemplo de amor para toda latinoamérica desde el siglo diecisiete y cuyo verdadero nombre es el de Isabel Flores de Oliva, y que fue conocida, por su encanto como la bella Rosa:
Santa
Rosa en el Camino del Tornero
Bajo
el cielo sereno de Lima floreció,
como un brote de luz en tierra
fecunda,
pero quiso el destino que aquí renaciera,
en este
barrio humilde que a tu manto se funda.
No vestiste las sedas
de la vanidad,
sino el sayal sencillo de la devoción,
y hoy
ese mismo manto, en esta fiesta,
es el pulso vivo de nuestro
corazón.
En este pequeño barrio, refugio y altar,
las
rosas abrieron su aroma divino,
y hoy en cada calle de Camino
Tornero,
florece tu aroma en cada vecino.
Con tus manos
supiste sanar al que llora,
al triste, al pobre en su duro
caminar,
y hoy tus manos, Rosa, siguen siendo aurora
en cada
puerta que se abre para ayudar.
Isabel en la cuna, Rosa en la
fe,
patrona y madre de este barrio lagunero,
tu luz va guiando,
como siempre se ve,
a la gente sencilla del Camino Tornero.
No
estás solo en Lima, ni en ese lejano altar,
estás aquí, en lo
nuestro, en lo cotidiano,
en la verbena, en el rezo popular,
en
la mano tendida de un vecino hermano.
Rosa de Lima, Rosa de
aquí,
humilde y eterna, bondad verdadera,
quédate por siempre
en nuestro vivir,
siendo tu farol la guía de nuestra Espera
que enciende en nosotros la luz de nuestra Esencia.
¡¡¡Vecinos, vecinas!
¡Que comience la fiesta, que viva la gente del Camino del Tornero
y que viva Santa Rosa de Lima!!!
Muchas gracias.
20 de Agosto 2026
Miguel Díaz -Lange Aguiar
17 ago 2026
11 ago 2026
REEL: MIS CARAS Y MIRADAS.
https://www.instagram.com/reel/Db3tm4OIsXL/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=MzRlODBiNWFlZA==
Mi cara, mi rostro, mis miradas y expresiones,
mis sonrisas, mis despistes, mi olfato
y expresión al ver un paisaje,
que se refleja en mis pupilas.
Son la geografía exacta de quien soy
cuando me olvido del resto del mundo.
Un mapa vivo de asombros y silencios
donde el horizonte deja de ser distancia
para convertirse en refugio.
Nada de lo que contemplo se queda afuera;
todo lo que miro me habita,
se amasa en mi piel
y vuelve a nacer
en el instante mismo
en que decido admirarlo.
Lange Aguiar 2026
#langeaguiar
#poesia #literatura
#actecanarias
#migueldiazlangeaguiar
Cliquea a AQUÍ o en el enlace si quieres ver el REEL
6 ago 2026
5 ago 2026
POEMAS NUEVOS. Y VUELVE EL MIEDO
MIEDOS
Pienso en el miedo.
Y creo que no lo tengo.
Pero el miedo está dentro.
No es miedo a las sombras,
a la oscuridad,
a la muerte,
a los monstruos,
al abismo...
No es ese miedo
el miedo que me encadena,
el miedo que no me deja ser libre.
Es un miedo a romper lo conocido,
a vivir la aventura a nuevos caminos.
Es el miedo a abrir heridas,
a hacer daño.
Es el miedo a romper
el confort,
lo establecido,
lo esperado,
lo comprometido.
Es el miedo a volar,
a romper compromisos,
a decir no y abrir decepciones
y romper mitos.
Es el miedo a no aceptar
mis verdaderos miedos,
a no querer ponerles rostros,
a no querer destapar sus velos.
Y es entonces cuando
cierro la caja y vuelvo a ocultar
mis verdaderos anhelos,
a no querer vivir experiencias.
A no querer hacer
para no VER
mis alas en el tiempo de espera,
de mi tiempo sagrado de la tierra.
Seco mis lágrimas y guardo
mi caja de los miedos...
con nuevas cadenas.
Pero es necesario
limpiar mi basura
antes de comenzar
a romper mis miedos.
Limpio mi caja de tierra,
de polvo, pero no quiero abrir
la caja de mis miedos.
No estoy preparado
para afrontar heridas
de SERES a los que amo.
Lange Aguiar
24 - Julio - 2025
3 ago 2026
Poemas Nuevos- PALABRAS
El Baile de las palabras
Se pierden los objetivos,
se bailan al son de
las palabras sin sentido.
Se entra en el protagonismo,
se suple la esencia del
contenido.
Siento frustración por lo
que observo, lo que escucho,
lo que ofrecen las voces
en las ondas y las redes.
Incertidumbre, desesperanza,
y desilusión y me pregunto
¿Por qué?
Lange Aguiar
Dic-2025
2 ago 2026
Nuevos poemas íntimos
Los días que no tienen nombre
Hay tardes que pesan.
No
porque pase algo.
Sino porque no pasa nada
Y aun así duele.
Esa tarde me pasó.
Me senté
en la orilla
La de mi cama.
Cerré los ojos fuerte,
Como si
apretando
Sintiera un nudo
Sin pelea.
Eran sentimientos.
Eran
versiones mías.
Eran emociones
Que no comprendía
Y me dieron
ganas
De salir corriendo.
De correr
para no pensar.
Correr para solo sentir.
Correr para que el
cuerpo
Se doblegara a los sentimientos
Me quedé.
No corrí.
Respiré tres veces.
La primera temblando,
La segunda a medias,
La tercera completa.
Y entendí algo:
No todo se tiene
Que nombrar
Para existir.
Y busqué palabras.
Las busqué con la boca,
Con las manos,
Con la cabeza.
Tenía algo adentro.
Una emoción interna,
Profunda,
En el pecho.
Si lo tocaba,
Lloraba.
Si no lo tocaba, también.
Y entonces pasó:
Los ojos se me rompieron
A llorar
sin aparente motivo.
Sin noticia mala,
Sin recuerdos.
Solo se abrieron
Las compuertas
Y ya.
Como si así pudiera
Empujar hacia afuera
Lo que tenía adentro.
Lo que guarda mi alma
Y no sabe cómo hacerlo.
Eran momentos guardados
En cajas sin etiqueta.
Que volvían a visitarme.
Bajé la cabeza.
Extraño.
Sabía que ese no era yo,
O al menos no
El yo que muestro.
Cuando nadie mira.
El que solo habita
Ese estado,
Ese momento,
Y no pide explicaciones...
La tarde se fue alejando
Despacio,
Sin pedir permiso.
Cuando abrí los ojos,
El cuarto seguía igual.
Peleando conmigo.
Roto un poco.
Entero un poco.
Humano.
Y eso, por hoy,
alcanzó su gloria.
Lange Aguiar 26
de Julio 2026
29 jul 2026
POEMAS INTIMOS. PROFUNDIDADES
Profundidades
Hay un barranco negro dentro
del pecho,
una grieta honda que nadie
más mira.
Allí donde el dolor se vuelve
techo
y el aire pesa tanto cuando
se aspira.
Son espinas de sombra, filosas,
crueles,
que sangran por dentro, sin hacer
ruido;
marcan a fuego la piel y
sus pieles,
buscando el silencio de lo treguado
y huido.
Quisiera esconderlas, volverlas
olvido,
negar que son mías, borrar
su huella,
pero son la raíz de cuanto
he vivido,
el lado oscuro que apaga
la estrella.
A veces las busco, a veces
las odio,
se alimentan despacio de mi
propia esencia.
Sentarse de frente con
este episodio
es mirar al abismo de la
propia existencia.
No es fácil el paso, no es limpia
la historia,
cuando la sombra te come
por dentro.
Pero aun en el daño, aun
sin victoria,
en medio del vértigo... me reconozco y
me encuentro.
Lange Aguiar
28 Julio 2026
28 jul 2026
MICRORRELATOS
La tarde
Esa tarde no pasó nada Y por eso lloré. Palabras que no salen, un nudo aquí que no sé nombrar. Cerré los ojos para no verme llorar sin motivo. Adentro había cajas sin etiqueta: sentimientos, momentos, un yo extraño que no era yo. La tarde se fue alejando y me dieron ganas de salir corriendo. No para huir, Para no pensar, solo sentir. Respiré. El cuarto siguió en su sitio. Yo un poco menos roto.
Bosque interno
Entré a mi bosque sin mapa. Había silencio y llanto sin razón. Quise explicar lo que guardaba el alma y la boca se me cerró. Era solo un estado. Un momento que me habitaba y yo a él. La tarde se iba y con ella mi fui yo también y salí igual, con las manos vacías y el pecho un poco más liviano.
26 jul 2026
23 jul 2026
El trascurrir del tiempo
Cierras los ojos y, por un instante, el ruido del mundo desaparece.
Sientes un nudo opresivo en la garganta, un peso denso en el pecho compuesto por palabras que nunca salieron, emociones internas tan profundas que ni siquiera tú logras nombrar. De pronto, sin que medie ningún pensamiento lógico ni aparente motivo, la vista se te nubla y los ojos se rompen a llorar. La tibia humedad sobre las mejillas es el único desahogo de algo que supera a la razón.
Vuelves a apretar los párpados. Intentas buscar un orden, construir una frase sencilla para explicar qué te pasa, pero las palabras se te escapan entre los dedos. ¿Cómo expresar en un lenguaje cotidiano aquello que guardas en lo más hondo del alma si ni tú mismo sabes cómo hacerlo? Son solo sentimientos acumulados, destellos de momentos suspendidos, un poso de vida que ha quedado ahí, encallado.
Solo quieres dejarte llevar, bajar los brazos y rendirte a la sensación. Te sientes profundamente extraño, habitando una distancia inexplicable contigo mismo. Una certeza callada te dice que ese no eres tú, que esa melancolía ajena no te define; sabes que estás simplemente atravesando ese estado, viviendo un momento sin lógica ni respuestas.
A lo lejos, la tarde comienza a alejarse. El sol cae despacio, tiñendo el cielo de tonos dorados y sombras largas, avisando de que el tiempo no se detiene a esperar por tu claridad. Un impulso primario y urgente nace desde las entrañas: tienes ganas de salir corriendo. Huir de ti mismo, dejar atrás los porqués, dejar de pensar... y limitarte, por fin, a sentir.
Lange aguar 23 de Julio 2026
20 jul 2026
TE VERDE LITERARIO
CÓMO ESCRIBIR UNA NARRACIÓN OBSERVANDO UN HECHO REAL:
Las monedas del acordeón
Caminaba por las calles de La Laguna, cerca de la iglesia de La Concepción. A mi alrededor había una dulcería, un museo, un bar y una cafetería llena de gente. Sin embargo, no buscaba entrar en ninguno de esos lugares. Solo observaba el ir y venir de las personas y decidí sentarme en un banco de la plaza para seguir observando.
En una esquina vi a una anciana sentada en el suelo, con la mano extendida pidiendo unas monedas. A pocos metros, un joven tocaba el acordeón con una gran sonrisa en su cara ganándose la vida. La gente pasaba deprisa: algunos miraban hacia otro lado, otros seguían su camino sin detenerse y muy pocos se detenían ante el joven y le ponían en la gorra que había colocado en el suelo, algunas monedas. Nadie ayudaba a la anciana.
Cuando el joven terminó de tocar un par de canciones , que por cierto lo hacía de forma magistral, recogió la gorra con las monedas que había ganado, se acercó a la anciana y, sin decir una palabra, las dejó en su mano. La anciana lo miró con ternura y el le dedicó una hermosa sonrisa y se alejó con su acordeón al hombro, entonces comprendí que, a veces, quien menos tiene es quien más sabe compartir.
Yo hice lo propio con la anciana y le seguí. Se paró al otro lado de la plaza de la Concepción, volvió a poner su gorra en el suelo, se descolgó el acordeón y se puso a tocar de nuevo.
Me acerqué, le pedí permiso para darle un abrazo, el cual él aceptó sorprendido y le puse en su mano el billete que llevaba preparado. Le pregunté de dónde era y me dijo que venezolano de la isla de Margarita. Él miraba aquel billete, que superaba todas sus expectativas uña una vez tras otra y me preguntó ¿por qué? le respondí que su gesto con la anciana era mucho mayor que su acordeón y le di las gracias por enseñarme su alma y fue entonces cuando él me dio otro abrazo. 🫂
Lange Aguiar . 20 de Julio de 2026
18 jul 2026
Viaje eterno
A la Vida compartida contigo en todos los tiempos
I
Antes del primer destello de las estrellas,
cuando el vacío era un lienzo sin trazar,
ya nuestras almas dejaban sus huellas,
predestinadas, por siempre, a amar.
II
Hemos sido polvo de estrellas en cielos lejanos,
reyes sin corona en tierras de olvido,
marineros de un mar de fuego soberano,
y extraños que un día el azar ha unido.
Cambiamos de forma, de piel y de acento,
habitamos planetas que el ojo no ve,
viajamos de prisa en el lomo del viento,
muriendo en un mundo, naciendo otra vez.
III
Pero no importa el disfraz de la historia,
ni el denso tejido de la realidad;
basta una mirada para hacer memoria,
basta un suspiro para la verdad.
«Eres tú», susurra el alma en el pecho,
mientras las barreras se empiezan a hundir.
El tiempo se dobla, se rinde el derecho
de toda distancia que intente insistir.
IV
Somos dos seres de luz encendida,
que no necesitan del sol su calor,
nos alimentamos de nuestra propia vida,
del brillo sagrado de un lazo mayor.
Cruzamos los versos de mil universos,
rompiendo las leyes de la gravedad,
en un infinito de mundos diversos,
tú y yo somos, siempre, la única verdad.
Lange Aguiar . 18 de Julio 2026
16 jul 2026
13 jul 2026
11 jul 2026
FAMILIA
8 jul 2026
POEMAS ÍNTIMOS
Canto a la vida y a la muerte
En la profundidad de mi ser,donde la luz se desvanece
y el silencio se hace inmenso,
nace un susurro de poesía.
Las palabras danzan en mi mente,
como mariposas en un jardín,
buscando ser plasmadas en versos,
anhelando ser eternas en el papel.
Las rimas se entrelazan en mis manos,
como hilos de seda en mi corazón,
creando un tapiz de sueños y anhelos,
una sinfonía de emociones y pasiones.
Los versos se deslizan en mis labios,
como ríos de palabras que no cesan,
resonando en cada rincón del universo,
envolviendo al mundo en su melodía.
Y de la pluma de mi alma surge,
con
cada verso y cada estrofa,
un poema que habla de amor y dolor,
de
esperanzas y desengaños.
Un canto a la vida y a la muerte,
a
los sueños y a la realidad,
un refugio para el alma herida,
una
ventana hacia la eternidad.
En cada palabra está mi
esencia,
en cada verso, mi ser desnudo,
y así, en mis poemas
voy dejando
pedacitos de mi corazón.
Lange Aguiar.
2026
7 jul 2026
Construyendo Haykus
Mis 4 Haykus que destilan vida:
Polvo y asombro,
un latido en la tierra,
luz que respira.
Sombra en la grieta,
el sol besa mi carne,
todo es camino.
Sangre que escribe,
en el ADN queda
el fuego vivo.
Miro hacia arriba:
soy voz de este planeta
frente al vacío.
Lange Aguiar. Julio 2926
5 jul 2026
POEMAS MARINOS
El Lienzo del Horizonte
LIENZO MARINO
El oleaje se abraza a mi costa,
en un suspiro de espuma salada;
escucho la música que el agua entona
cuando el viento, de frente, le habla.
Me siento parte de esta inmensidad,
esencia pura que en la arena nace,
mirando estoy ese horizonte eterno
donde mi alma emocionada se complace.
El cielo se pinta de fuego antes del sol partir
con los matices con que la vida nos dibuja;
plasmando un espectáculo sin igual, un latir
donde su belleza me sana y me acuna.
El océano se extiende ante mis ojos,
creando un puente hacia la calma
mientras la luz del atardecer hace su magia
y un rayo anaranjado me abraza el alma.
Siento la conexión profunda y sincera
al unirse el cielo con la tierra en un abrazo,
y una paz infinita me llena por entero
como si yo fuera el propio trazo
de un lienzo perfecto y sin fin,
donde cada tarde, frente al mar,
vuelvo a nacer en mí.
Pero la luz se apaga y el frío me despierta,
el rumor del océano empieza a palidecer,
y al parpadear frente a la página desierta
veo a la mar desvanecer
al despertar mi cerebro un sueño
que tuve en este hermoso amanecer.
Lange Aguiar
Julio 2026
Imagen de IA a partir de una fotografía
2 jul 2026
HISTORIAS DE LEUGIN
LAS NOCHES de LA RANILLA
Lange Aguiar 1 de Julio 2026
1 jul 2026
HISTORIAS DE LEUGIM
El miedo de un cuchillo
La
noche pesaba en Icod de los Vinos, pero pesaba más en mis hombros.
Aún no había cumplido 13 años, una edad en la que los niños
juegan en la calle, pero yo ya sabía lo que era el sudor y la
responsabilidad pues antes de cumplir once año ya había empezado a
trabajar. En este caso Llevaba un tiempo en aquel hostal ya
desaparecido, un rincón muy cerquita de la sombra imponente del
Drago y del aroma de los vinos de Tenerife—. Aquel día, el hostal
se había desbordado: varias guaguas cargadas de turistas habían
llegado de golpe.
Yo estaba completamente solo.
Desde las seis
de la mañana, mis pequeñas manos no habían parado. Había llevado
cafés, servido mesas en la cafetería, subido el servicio de
habitaciones y atendido a cada cliente con la madurez que el hambre y
la necesidad te obligan a tener. Al caer la noche, la cocina del
hostal era el reflejo de una batalla: montañas de losa, platos y
vasos sucios se acumulaban encima de todos los muebles, en el
fregadero y en todas las mesas. Estaba exhausto, con el cuerpo
molido, pero seguía allí, de pie sintiendo con pesar todo lo que
tenía que fregar y limpiar.
En ese momento. Cuando ya me había
dispuesto a ponerme manos a la obra a pesar de mi absoluto cansancio,
la puerta se abrió de golpe. Era la dueña. Había estado todo el
día fuera, en el sur de la isla, pues allí poseía un grupo
residencial de bungalow turísticos, y acababa de llegar.
En
lugar de ver el esfuerzo de un niño que había sacado adelante el
trabajo de tres hombres, aquella mujer solo vio la losa sin fregar.
Su voz estalló como el cristal rompiéndose contra el suelo. Empezó
a gritarme, a insultarme, a escupir palabras hirientes que caían
como latigazos sobre mí. Me acusaba de tener todo aquello
abandonado, de ser un vago.
Yo la escuchaba en silencio, con la
mirada perdida, sin entender tanta crueldad. ¿Acaso no veía que
estaba solo? ¿Acaso no importaban las más de dieciséis horas de
trabajo ininterrumpido? La rabia y la impotencia se me subieron al
pecho, nublándome la vista. Mis manos, mecánicas, agarraron lo
primero que encontraron dentro del fregadero donde estaba. No sabía
qué era. Solo sentía una furia ciega que necesitaba liberar.
Con
todas mis fuerzas, lo lancé.
Un estruendo seco vibró en la
cocina. El objeto pasó rozando a la dueña y se clavó con fuerza en
la madera de la puerta, justo a su lado. Era un cuchillo. Yo ni
siquiera me había dado cuenta de lo que sostenía en las manos.
El
silencio que siguió fue sepulcral. La dueña, pálida y temblando de
susto, soltó un grito de puro terror. Yo, al ver el cuchillo clavado
y comprender lo que acababa de pasar, me asusté tanto como ella. El
miedo me devolvió las piernas y salí corriendo a buscar un
refugio.
Me escondí en el primer lugar que encontré: un armario
oscuro y estrecho. Fuera, la dueña y la cocinera empezaron a
buscarme a gritos, “Leugim, Leugim sal de donde estés, vamos
cobarde, da la cara y sal de donde te encuentres…” yo allí,
dentro de aquel estrecho armario y con el corazón en la boca, sudaba
y temblaba. No me encontraba bien. Sabía que había cometido un acto
atroz . No comprendía que me había pasado, me dejé llevar por la
ira. Podía haber matado a aquella mujer . Cuando los pasos se
acercaron, yo temblaba de miedo y dolor; la puerta del armario se
abrió de repente y mi instinto de supervivencia se activó; salté
por encima de sus cabezas como un gato acorralado y salí corriendo.
Corrí sin mirar atrás, escapando de la oscuridad del hostal, de los
gritos y de la explotación a la que estaba sometido.
Llegué a
mi casa corriendo sin parar, los tres kilómetros a la que se
encontraba, jadeando, con el corazón a punto de salírseme del
pecho. Allí estaba mi madre. Como tantas otras noches, la casa
estaba sumida en la penumbra, iluminada apenas por la titilante luz
de un quinqué. Ella estaba allí, pensando, esperando con angustia
mi llegada, como otras muchas noches, porque sentía que a su hijo lo
tenían secuestrado en aquel trabajo que no le daba
respiro.
Llorando, le conté toda la historia: los turistas, la
losa, el cansancio, los insultos de la dueña y el cuchillo flotando
en el aire.
Mi madre no lo pensó dos veces. El miedo por mí se
transformó instantáneamente en una furia protectora. Cogida de mi
mano y de la mano de una de sus hijas, mi hermana dos años mayor
que yo, se presentó temprano, en la mañana siguiente, con rostro
serio y decidido, en aquel lugar.
Cuando mi madre cruzó la puerta
de aquel hostal, la timidez quedó fuera. Se plantó ante la dueña y
empezó a alzar la voz, sin gritar, con autoridad y con una dignidad
inquebrantable. Le cantó las cuarenta a la dueña, le reclamó que
tenía a un niño que aún no había cumplido los 13 años trabajando
como un esclavo, que me mantenía secuestrado en jornadas infinitas y
que, para colmo, llevaba un mes entero trabajando sin cobrar ni un
solo céntimo. Con el dedo en alto, la amenazó con demandarla y
denunciarla ante las autoridades en ese mismo instante, mi hermana
apoyaba las palabras de mi madre y yo, miraba a la dueña con mucho
valor e indignación, había perdido el miedo.
La dueña, viendo
la profunda y decidida valentía de aquella madre y sabiendo que
estaba cometiendo un delito, reculó. El miedo cambió de bando. Sin
rechistar, la mujer le pagó a mi madre cada céntimo que me debía y
me dejo entrar a recoger mis cosas.
El regreso a casa fue muy
diferente. Caminando bajo las nubes oscuras que amenazaban lluvia en
Icod, miraba a mi madre con una ternura y una admiración
impresionante.
Mi hermana me sonreía y admiraba también la
valentía que ella había tenido para defenderme; me sentí protegido
por los escudos más grandes que jamás habría imaginado.
Aquella
mañana salí de allí con los bolsillos llenos, el corazón
aliviado, feliz y profundamente agradecido con la mujer que me había
devuelto mi dignidad y sintiendo el apoyo profundo de mi hermana.
Lange Aguiar-29 Junio 2026
29 jun 2026
OBSERVACIONES VIVIDAS
ERAN TRES Y UNA SE FUE











