PREGÓN DE LAS FIESTAS
DE SANTA ROSA DE LIMA
Barrio del Camino del Tornero, San
Cristóbal de La Laguna
por Miguel Díaz Lange Aguiar
Buenas noches, vecinos, vecinas, amigos todos de esta tierra noble de este nuevo y viejo barrio.
Hay lugares que no se miden simplemente por los siglos que acumulan sus piedras, sino por la fuerza del latido de sus calles y por la memoria viva de quienes los habitan. El Camino del Tornero es uno de esos rincones donde la vida no se contempla desde la distancia de la historia lejana, sino que se construye cada mañana, paso a paso, con el esfuerzo de manos unidas y con la frescura inextinguible de lo que siempre renace.
Hablo hoy ante ustedes, no desde un afecto abstracto, sino desde una cercanía hondamente personal y sentida. Regresar a este barrio es, para mí, retornar a un territorio que guarda trozos indispensables de mi propio viaje literario y humano. Fue en estas mismas calles, bajo este cielo que hoy nos cobija, donde compartimos hace unos años la presentación de mi poemario Ser de luz, hijo de la Tierra. Aquí, donde la poesía dejó de ser solo tinta sobre el papel para transformarse en aire compartido, en diálogo sincero y en emoción palpada. En este barrio aprendí que las palabras cobran su verdadero y más profundo sentido cuando encuentran el eco de una comunidad generosa y acogedora. Guardo también en el corazón, con inmenso cariño, el honor de haber participado como jurado en la elección de la reina de nuestras fiestas; un momento único donde pude sentir de cerca el entusiasmo de tantas familias, la ilusión compartida y el brillo en las miradas de un pueblo que sabe celebrar la belleza, el trabajo colectivo y el encuentro.
Pero por encima de todo, hablar del Camino del Tornero es invocar la certeza inquebrantable de la amistad. Un hilo invisible pero indestructible me une a mujeres y hombres que son el alma verdadera de este lugar: a la memoria entrañable y siempre presente de amigos como Justo Reyes y Ángeles, a la constante entrega de Juan Ramón y a la luz limpia de Ana Gloria, a la bondad de Fermín y a la solidaridad y compromiso de Elías y a la de tantas vecinas y vecinos con quienes he tenido la dicha de compartir conversaciones sin prisa, abrazos francos e instantes que se quedan para siempre grabados en la memoria de la piel. Hoy una comision de fiesta de gente joven animada, creativa, comprometida que pone en marcha un programa lleno de riqueza cultural, festiva, alegre, creadora de comunidad y de convivencia entre vecinos y vecinas de todas las edades, y eso es crear esencia de vida y sociedad con orgullo de sentimiento de pertenencia e identidad.
Para entender la grandeza de esta comunidad hay que mirar hacia la tierra que pisamos y escuchar los nombres con los que el tiempo fue bautizando estos parajes. Estamos sobre una geografía con historia y con alma. Antiguas escrituras ya hablaban de estos parajes situados a la sombra protectora de las laderas del monte del Púlpito, de la majestuosidad de la montaña de La Atalaya y de la amplitud de los llanos de San Lázaro.
Nos encontramos asentados en una encrucijada de caminos históricos: bordeados por la carretera general, aquel kilómetro 152 por donde entre los años 1901 y 1956 vio pasar el traqueteo nostálgico del antiguo tranvía; lindando al norte con el municipio hermano de Tegueste y con la Cañada Lagunera —aquella misma que un lejano 3 de febrero de 1505, día de San Blas, Fernández de Lugo mandó a delimitar mediante mojones—; abrazados al oeste por El Portezuelo y al este por el entrañable barrio de Las Gavias.
¿Y de dónde nace el nombre que hoy nos une? Nace de la búsqueda del agua, ese bien sagrado que da la vida. En la zona del Tornero, en Tegueste, manaba una fuente histórica cuyos restos aún pervivieron en el tiempo y que alimentó de abasto a esta comarca. Por eso este camino comenzó a llamarse con la naturalidad del caminante: el camino hacia Tornero. Pero la identidad de un barrio no se impone desde fuera; la escriben sus propios habitantes. Recordamos hoy cómo entre los años 2010 y 2012, en un hermoso trabajo comunitario impulsado por la Asociación de Vecinos La Atalaya, la Asociación Juvenil Atalaya Joven, el apoyo asesor de la Universidad de La Laguna a través de Bellas Artes y la implicación de tantos vecinos a título particular, se realizó aquella consulta popular. Entre propuestas cargadas de historia local como La Hoya del Camello, La Atalaya o El Camino, los vecinos eligieron por una mayoría abrumadora el nombre con el que hoy nos presentamos con orgullo ante el mundo: el Barrio del Camino del Tornero. La semilla del esfuerzo y la devoción a Santa Rosa de Lima.
Nada de lo que hoy contemplamos existió sin sacrificio. La historia de este barrio es una lección magistral de dignidad y de unión. Debemos remontarnos a aquel mes de agosto de 1983, cuando un grupo visionario de hombres y mujeres, capitaneados por el recordado Juan José Hernández Pérez, decidieron plantar la semilla de la organización vecinal fundando la A.V.V. La Atalaya.
Eran tiempos difíciles, marcados por la escasez y las calamidades de un territorio olvidado. Tiempos en que no había agua potable en los grifos y era preciso transportarla desde el canal del Río Portezuelo-Las Mercedes, que bordeaba las laderas del Púlpito y La Atalaya; tiempos donde solo unas pocas casas contaban con luz eléctrica, donde las calles eran poco más que barranqueras y los servicios básicos brillaban por su ausencia. Pero donde faltaban las infraestructuras, sobraba el coraje, la solidaridad y la fe en el futuro.
Fue precisamente en ese mismo año de 1983 cuando llegó a estas calles la imagen de nuestra patrona, Santa Rosa de Lima, y con ella comenzaron a florecer cada mes de agosto nuestras fiestas patronales. La devoción no fue solo una expresión espiritual, sino el motor que unió aún más a la comunidad. Recordamos con emoción cómo los propios vecinos reunieron peseta a peseta el dinero necesario para comprar el solar donde hoy se levanta nuestro Centro Ciudadano, un terreno que años más tarde cederían generosamente al Ayuntamiento para que el barrio tuviera su espacio de encuentro.
A
partir de ahí, cada logro ha llevado el sello del esfuerzo
compartido: el asfaltado del camino principal y de la calle Amanecer,
la llegada del agua potable y el saneamiento —asumidos a partes
iguales al cincuenta por ciento entre el Ayuntamiento y el bolsillo
de los vecinos—, y la incansable lucha durante casi dos décadas
para que se ejecutara el Proyecto Medioambiental Zona
Tornero.
Sabemos bien que el Camino del Tornero sigue teniendo
necesidades, que el Centro Ciudadano se ha quedado pequeño para un
barrio que no ha parado de crecer, un espacio que se multiplica cada
día siendo a la vez lugar de asambleas, aula de actividades, capilla
de la Virgen y colegio electoral. Pero esa misma exigencia de
equipamientos es el reflejo de que estamos ante un barrio vivo, un
barrio que no se conforma y que sigue latiendo con ganas de progreso.
El Camino del Tornero es un barrio joven y lleno de vitalidad. Esa juventud no se mide únicamente en la edad de sus habitantes, sino en la actitud con la que se mira al mañana: la energía de quien sabe que está sembrando futuro en cada proyecto, en cada reunión asociativa, en el juego de los niños que llena nuestras plazas de un murmullo imprescindible y lleno de esperanza.
Celebrar la fiesta es, por tanto, mucho más que un paréntesis en la rutina. Celebrar es un acto de afirmación colectiva. Es el momento en que una comunidad se mira a los ojos, reconoce la historia recorrida y reafirma que nadie camina solo por estas veredas. Pertenecer no es solo ocupar un lugar en el mapa; es sentir que la memoria del barrio se construye con el abrazo, la mano tendida al vecino y la alegría compartida.
Y en el centro de esta mirada abierta, la figura de Santa Rosa de Lima. No como una imagen lejana o inalcanzable, sino como un símbolo de sensibilidad, de entrega al prójimo y de esa flor humilde y hermosa que es capaz de florecer con fuerza en medio de la sencillez. En su honor encendemos esta luz festiva, recordando que honrar a nuestra patrona es también celebrar nuestra propia humanidad y los lazos que nos unen.
Que estas Fiestas de Santa Rosa de Lima sean la casa común donde reencontrarnos, abrazarnos y mirarnos con el orgullo de lo que somos y de lo que hemos construido juntos. Que la poesía, la música, la palabra y la tradición sigan resonando con fuerza en cada rincón de este camino.
Ya para terminar, vaya un poema para esa señora santa de la orden tercera de santo Domingo es decir lo que conocemos con la orden dominica que murió muy joven y que fue ejemplo de amor para toda latinoamérica desde el siglo diecisiete y cuyo verdadero nombre es el de Isabel Flores de Oliva, y que fue conocida, por su encanto como la bella Rosa:
Santa
Rosa en el Camino del Tornero
Bajo
el cielo sereno de Lima floreció,
como un brote de luz en tierra
fecunda,
pero quiso el destino que aquí renaciera,
en este
barrio humilde que a tu manto se funda.
No vestiste las sedas
de la vanidad,
sino el sayal sencillo de la devoción,
y hoy
ese mismo manto, en esta fiesta,
es el pulso vivo de nuestro
corazón.
En este pequeño barrio, refugio y altar,
las
rosas abrieron su aroma divino,
y hoy en cada calle de Camino
Tornero,
florece tu aroma en cada vecino.
Con tus manos
supiste sanar al que llora,
al triste, al pobre en su duro
caminar,
y hoy tus manos, Rosa, siguen siendo aurora
en cada
puerta que se abre para ayudar.
Isabel en la cuna, Rosa en la
fe,
patrona y madre de este barrio lagunero,
tu luz va guiando,
como siempre se ve,
a la gente sencilla del Camino Tornero.
No
estás solo en Lima, ni en ese lejano altar,
estás aquí, en lo
nuestro, en lo cotidiano,
en la verbena, en el rezo popular,
en
la mano tendida de un vecino hermano.
Rosa de Lima, Rosa de
aquí,
humilde y eterna, bondad verdadera,
quédate por siempre
en nuestro vivir,
siendo tu farol la guía de nuestra Espera
que enciende en nosotros la luz de nuestra Esencia.
¡¡¡Vecinos, vecinas!
¡Que comience la fiesta, que viva la gente del Camino del Tornero
y que viva Santa Rosa de Lima!!!
Muchas gracias.
20 de Agosto 2026
Miguel Díaz -Lange Aguiar