La mística del BESO y la Geografía de lo Eterno
Nos encontramos tarde, bajo el peso de otras vidas,
con las manos marcadas por mapas que no trazamos juntos.
Tú traes el eco de otras risas, el rastro de otros hijos,
y yo cargo con el silencio de inviernos que pasé a solas,
habitando el mismo asombro a miles de leguas de tu voz.
No nos conocíamos, dicen las actas y los calendarios;
sin embargo, al mirarnos, reconozco la arquitectura de mi sangre.
Y cuando al fin mis labios buscan los tuyos, el beso no es principio,
es la acción profunda de un nudo que se aprieta,
la conectividad total donde el aliento del uno se vuelve el alma del otro.
Un beso maduro, pausado, que sabe a verdad y a tiempo recobrado.
En la paz de nuestras pieles, el placer es un lenguaje sabio.
Tus pliegues son senderos que mi memoria ya sabía caminar;
cada caricia es un incendio lento, una revelación que ignora
la experiencia de otros cuerpos y otros tiempos.
Es una sexualidad de almas que se reconocen a través del tacto,
donde un abrazo es el colapso de mil años de espera.
Y qué gloria es abrir los ojos y encontrarte en la luz del alba,
sentir tu piel junto a la mía como una certeza que no admite dudas.
Escuchar tu risa, recorrer con los dedos los surcos de tu cara,
sabiendo que cada línea es un honor que el destino nos concede.
Ya no hay distancias, ni galaxias, ni siglos que nos separen.
Nos entregamos este presente, pulido por el cansancio y la gloria.
Porque más allá de las estrellas, en el tejido donde no hay tiempo,
tú y yo ya habíamos pactado este instante:
el de despertar al lado del ser que siempre fuimos,
encontrando en el roce de nuestros cuerpos maduros
la única forma que tiene el infinito de hacerse, al fin, hogar.
¡¡¡TE AMO, me decías bajito,
Y SIEMPRE HA SIDO ASÍ
AUNQUE NO LO SABÍAMOS
HASTA ENCONTRARNOS,
Y AHÍ YA LO DESCUBRIMOS!!!
LANGE AGUIAR
Marzo 2026

