Creando, construyendo, disfrutando lo que somos, experimentando lo que escribimos...

Bienvenido al blog de Lange Aguiar.
Disfruta y crea, ¡TÚ TAMBIEN PUEDES HACERLO!.
Está permitido emocionarse, llorar, reir y, sobre todo SER, COMPRENDER y VIVIR.

23 jul 2026

El trascurrir del tiempo

 Cierras los ojos y, por un instante, el ruido del mundo desaparece.

Sientes un nudo opresivo en la garganta, un peso denso en el pecho compuesto por palabras que nunca salieron, emociones internas tan profundas que ni siquiera tú logras nombrar. De pronto, sin que medie ningún pensamiento lógico ni aparente motivo, la vista se te nubla y los ojos se rompen a llorar. La tibia humedad sobre las mejillas es el único desahogo de algo que supera a la razón.

Vuelves a apretar los párpados. Intentas buscar un orden, construir una frase sencilla para explicar qué te pasa, pero las palabras se te escapan entre los dedos. ¿Cómo expresar en un lenguaje cotidiano aquello que guardas en lo más hondo del alma si ni tú mismo sabes cómo hacerlo? Son solo sentimientos acumulados, destellos de momentos suspendidos, un poso de vida que ha quedado ahí, encallado.

Solo quieres dejarte llevar, bajar los brazos y rendirte a la sensación. Te sientes profundamente extraño, habitando una distancia inexplicable contigo mismo. Una certeza callada te dice que ese no eres tú, que esa melancolía ajena no te define; sabes que estás simplemente atravesando ese estado, viviendo un momento sin lógica ni respuestas.

A lo lejos, la tarde comienza a alejarse. El sol cae despacio, tiñendo el cielo de tonos dorados y sombras largas, avisando de que el tiempo no se detiene a esperar por tu claridad. Un impulso primario y urgente nace desde las entrañas: tienes ganas de salir corriendo. Huir de ti mismo, dejar atrás los porqués, dejar de pensar... y limitarte, por fin, a sentir.

Lange aguar 23 de Julio 2026

20 jul 2026

TE VERDE LITERARIO

 CÓMO ESCRIBIR UNA NARRACIÓN OBSERVANDO UN HECHO REAL:

Las monedas del acordeón

Caminaba por las calles de La Laguna, cerca de la iglesia de La Concepción. A mi alrededor había una dulcería, un museo, un bar y una cafetería llena de gente. Sin embargo, no buscaba entrar en ninguno de esos lugares. Solo observaba el ir y venir de las personas y decidí sentarme en un banco de la plaza para seguir observando.

En una esquina vi a una anciana sentada en el suelo, con la mano extendida pidiendo unas monedas. A pocos metros, un joven tocaba el acordeón con una gran sonrisa en su cara ganándose la vida. La gente pasaba deprisa: algunos miraban hacia otro lado, otros seguían su camino sin detenerse y muy  pocos se detenían ante el joven y le ponían en la gorra que había colocado en el suelo,  algunas monedas. Nadie ayudaba a la anciana. 

Cuando el joven terminó de tocar un par de canciones , que por cierto lo hacía de forma magistral, recogió la gorra con las monedas que había ganado, se acercó a la anciana y, sin decir una palabra, las dejó en su mano. La anciana lo miró con ternura y el le dedicó una hermosa sonrisa y se alejó con su acordeón al hombro, entonces comprendí que, a veces, quien menos tiene es quien más sabe compartir. 

Yo hice lo propio con la anciana y le seguí. Se paró al otro lado de la plaza de la Concepción, volvió a poner su gorra en el suelo, se descolgó el acordeón y se puso a tocar de nuevo. 

Me acerqué, le pedí permiso para darle  un abrazo, el cual él aceptó sorprendido y le puse en su mano el billete que llevaba preparado. Le pregunté de dónde era y me dijo que venezolano de la isla de Margarita. Él miraba  aquel billete, que superaba todas sus expectativas uña una vez tras otra y me preguntó ¿por qué? le respondí que su gesto con la anciana era mucho mayor que su acordeón y le di las gracias por enseñarme su alma y fue entonces cuando él me dio otro abrazo. 🫂 

Lange Aguiar . 20 de Julio de 2026




18 jul 2026

Viaje eterno

 A la Vida compartida contigo  en todos los tiempos

I

Antes del primer destello de las estrellas,

cuando el vacío era un lienzo sin trazar,

ya nuestras almas dejaban sus huellas,

predestinadas, por siempre, a amar.

II

Hemos sido polvo de estrellas en cielos lejanos,

reyes sin corona en tierras de olvido,

marineros de un mar de fuego soberano,

y extraños que un día el azar ha unido.

Cambiamos de forma, de piel y de acento,

habitamos planetas que el ojo no ve,

viajamos de prisa en el lomo del viento,

muriendo en un mundo, naciendo otra vez.

III

Pero no importa el disfraz de la historia,

ni el denso tejido de la realidad;

basta una mirada para hacer memoria,

basta un suspiro para la verdad.

 «Eres tú», susurra el alma en el pecho,

 mientras las barreras se empiezan a hundir.

El tiempo se dobla, se rinde el derecho

de toda distancia que intente insistir.

IV

Somos dos seres de luz encendida,

que no necesitan del sol su calor,

nos alimentamos de nuestra propia vida,

del brillo sagrado de un lazo mayor.

Cruzamos los versos de mil universos,

rompiendo las leyes de la gravedad,

en un infinito de mundos diversos,

tú y yo somos, siempre, la única verdad.

Lange Aguiar . 18 de Julio 2026




13 jul 2026

11 jul 2026

FAMILIA






UN Día en Familia
Bajo el amparo de un techo que abraza 
y paraguas que acogen  la lluvia,
se reúnen corrientes del mismo ADN y
lazos de sangre que el tiempo entrelaza,
desafiando la distancias ocurridas 
y el fino frio que nos abraza.
Es una hermandad de amor que crece,
un puente tendido entre generaciones,
donde el recuerdo antiguo permanece
y brotan nuevas, tiernas ilusiones.
Se comparten las edades en la mesa, 
de piñas y costillas,
más allá de las arrugas que dan calma,
pues la infancia viene decidida 
y firme, dejando su frescura en cada alma.
Miradas que confiesan vida compartida,
silencios que lo dicen todo sin hablar, 
pero sí compartiendo el flan, 
y demás postres de rico paladar.
En cada sorbo se escucha 
un eco de apoyo que alienta la vida
y una firme esperanza que invita a actuar.
Es el compromiso de andar el camino,
de saber que el refugio se mantiene fiel;
un encuentro sagrado, un mismo destino
escrito con tinta de afecto en la piel.
Y al despedirse, con el alma llena,
y la panza también,
se avanza con paso seguro y sereno 
para, felices, saber volver  y crecer
sabiendo, en la dicha y la pena, 
que en este andar no estamos solos
y que todos somos familia
en este vivo planeta
de experiencias compartidas.
Gracias por tanto y por todo. Abrazos. 
Seguimos compartiendo sueños
 y amor  a raudales.
Besos familia amada y elegida.
Lange Aguiar 11 Julio 2026


8 jul 2026

POEMAS ÍNTIMOS

 

Canto a la vida y a la muerte

En la profundidad de mi ser,
donde la luz se desvanece
y el silencio se hace inmenso,
nace un susurro de poesía.

Las palabras danzan en mi mente,
como mariposas en un jardín,
buscando ser plasmadas en versos,
anhelando ser eternas en el papel.

Las rimas se entrelazan en mis manos,
como hilos de seda en mi corazón,
creando un tapiz de sueños y anhelos,
una sinfonía de emociones y pasiones.

Los versos se deslizan en mis labios,
como ríos de palabras que no cesan,
resonando en cada rincón del universo,
envolviendo al mundo en su melodía.

Y de la pluma de mi alma surge,
con cada verso y cada estrofa,
un poema que habla de amor y dolor,
de esperanzas y desengaños.

Un canto a la vida y a la muerte,
a los sueños y a la realidad,
un refugio para el alma herida,
una ventana hacia la eternidad.

En cada palabra está mi esencia,
en cada verso, mi ser desnudo,
y así, en mis poemas voy dejando
pedacitos de mi corazón.

Lange Aguiar. 
 
2026

7 jul 2026

Construyendo Haykus

Mis 4 Haykus que destilan vida: 


Polvo y asombro,

un latido en la tierra,

luz que respira.


Sombra en la grieta,

el sol besa mi carne,

todo es camino.


Sangre que escribe,

en el ADN queda

el fuego vivo.


Miro hacia arriba:

soy voz de este planeta

frente al vacío.

Lange Aguiar. Julio 2926

5 jul 2026

POEMAS MARINOS


 El Lienzo del Horizonte


LIENZO MARINO

El oleaje se abraza a mi costa,

en un suspiro de espuma salada;

escucho la música que el agua entona

cuando el viento, de frente, le habla.


Me siento parte de esta inmensidad,

esencia pura que en la arena nace,

mirando estoy ese horizonte eterno

donde mi alma emocionada se complace.


El cielo se pinta de fuego antes del sol partir

con los matices con que la vida nos dibuja;

plasmando un espectáculo sin igual, un latir 

donde su belleza me sana y me acuna.


El océano se extiende ante mis ojos,

creando un puente hacia la calma

mientras la luz del atardecer hace su magia

y un rayo anaranjado me abraza el alma.


Siento la conexión profunda y sincera

al unirse  el cielo con la tierra en un abrazo,

y una paz infinita me llena por entero

como si yo fuera el propio trazo

de un lienzo perfecto y sin fin,

donde cada tarde, frente al mar,

vuelvo a nacer en mí.


Pero la luz se apaga y el frío me despierta,

el rumor del océano empieza a palidecer,

y al parpadear frente a la página desierta

veo a la mar desvanecer 

al despertar mi cerebro  un sueño

que tuve en  este  hermoso amanecer. 

Lange Aguiar

Julio 2026

Imagen de IA a partir de una fotografía

2 jul 2026

HISTORIAS DE LEUGIN

 

LAS NOCHES de LA RANILLA 

La guagua de la mañana, era muy temprano, avanzaba serpenteando por la carretera del norte, pero mi mente se había quedado atrapada en la penumbra de la noche anterior. A través de la ventanilla, el paisaje de Tenerife pasaba como un borrón difuminado, idéntico al torbellino de pensamientos que me golpeaba el pecho. Sabía que me tocaba una semana entera en el turno de mañana en el quiosco de la plaza principal del Puerto de la Cruz, en el bullicio del Bar Dinámico, rodeado de tazas de café, prisas y el tintineo constante de los platos. Sin embargo, mi verdadero desvelo no estaba en las horas de luz que tenía por delante, sino en la incertidumbre de la semana siguiente, cuando el sol se ocultara y regresaran los turnos de tarde y noche pues tendría que volver de nuevo a pie los dieciséis kilómetros que separan el Puerto a mi casa de Icod.


El cuerpo me pesaba, no por el cansancio físico, sino por la expectativa del regreso. Aún no había olvidado lo que viví con el encuentro del asesino de jóvenes cuando regresaba a mi casa de madrugada. Aunque ya la policía lo había detenido, todavía tenia guardado en mi cerebro aquel momento de miedo del que escapé por puro milagro.

En el Bar Dinámico todos éramos chicos trabajando allí. Por eso, cuando, a la siguiente semana, llegó el cambio de turno y la noche volvió a caer sobre nosotros, la propuesta de uno de mis compañeros me pareció un bálsamo de generosidad. Sabía lo largo, oscuro y solitario que era el camino de vuelta a casa a esas horas de la madrugada.

— Leugim, si quieres puedes quédarte conmigo en la habitación que tengo alquilada en una pensión en la zona de la Ranilla, aquí cerca. —me ofreció, con una naturalidad que disipó cualquier alarma—. Así no tienes que caminar solo en mitad de la noche.

Acepté con la gratitud de quien confía ciegamente en la camaradería. Al dar las doce, tras limpiar la barra, recoger las mesas y dejar el local en silencio, caminamos juntos hacia el barrio de La Ranilla. El eco de nuestros pasos en las calles empedradas era el único sonido en la quietud nocturna. Entramos en la pensión y, al abrirse la puerta del cuarto, me encontré con una única cama grande. Sentí un leve reparo, una punzada intuitiva que intenté acallar de inmediato.

—Oye, Antonio que aquí  solo hay una cama, —le dije, midiendo el espacio con la mirada.
—No pasa nada, Leugim,  puedes descansar tranquilo, es una cama grande —respondió.
Su tono fue calmado, lo suficiente para infundir la seguridad que necesitaba. Me tumbé, me entregué al sueño y, por unas horas, el mundo se apagó.

El quiebro llegó en mitad de la madrugada, no con un ruido, sino con un tacto. Una mano extraña, ajena, se posó sobre mi cuerpo. Sentí sus dedos acariciando mi espalda, un recorrido lento que descendió con una firmeza invasiva por mi vientre hasta tocar mis genitales. El corazón me dio un vuelco violento; el aire se me congeló en la garganta. El susto me espabiló de golpe, despojándome de la inocencia en un solo segundo.

—¿Qué haces, Antonio? —le pregunté, con la voz quebrada pero firme, apartándome en la penumbra.
—Bueno Leugim ... supongo que te gustará, es que me atraes mucho y no lo puedo evitar —susurró él, con una calma que me heló la sangre—. Déjate experimentar sensaciones y situaciones nuevas, nadie se va a enterar.

Aunque físicamente me había desarrollado muy pronto y mi cuerpo aparentaba la madurez de un hombre, por dentro seguía siendo un joven- niño desprotegido que no deseaba, ni de lejos, formar parte de aquel escenario. Sentí una profunda oleada de rechazo y desamparo.

—No, no, para nada, Antonio. Por favor, respétame. No quiero hacer nada de eso, soy muy joven todavía y no quiero vivir esta experiencia. No me apetece.

Mis palabras, cargadas de una dignidad vulnerable pero inquebrantable, cortaron el aire de la habitación. Él se detuvo. Captó el límite infranqueable de mi negativa y se retiró dándose la vuelta en la cama. Me respetó el resto de la noche y no volvió a intentar nada. Pero el daño invisible ya estaba hecho. Algo se había roto de forma irreversible dentro de mí: la confianza ciega en el prójimo, esa coraza invisible que nos hace caminar seguros por el mundo, se agrietó para siempre. Aprendí, demasiado pronto, el frío sabor de la desconfianza. Que había que añadir a lo vivido una dias antes con mi encuentro con el asesino de jóvenes y que él sabia bien, pues lo había contado a todos mis compañeros de trabajo del bar dinámico. Precisamente movido por ello, supuse que quería protegerme de los terrores de la noche cuando caminara hacia mi ciudad de Icod, desde el Puerto de la Cruz al terminar mi trabajo en el turno de tarde -noche.

Los días siguientes fueron un calvario silencioso. Cumplí con la semana de trabajo en ese turno compartiendo el espacio con él bajo un pacto de silencio. Él me respetó, tal vez temeroso de que yo levantara la voz y delatara lo ocurrido, pero el ambiente se volvió asfixiante. Cada vez que entraba al Bar Dinámico, sentía una paranoia insoportable; me parecía que los demás me miraban de una manera extraña, como si conocieran el secreto de aquella noche, y percibía en los ojos de mi compañero Antonio un deseo contenido que me erizaba la piel.

No podía seguir allí. El espacio que antes era mi sustento se había transformado en una jaula de incomodidad y recelo. Así que, movido por el instinto de preservación, eché a andar hacia otros lugares, buscando una salida, un aire limpio donde respirar sin sentirme observado y  deseado... Quería buscar un nuevo empleo en otro establecimiento hotelero.

Caminé, pidiendo trabajo en diferentes lugares del Puerto de la Cruz, hasta encontrar un nuevo refugio en la cocina de un lugar que el tiempo y mi memoria ha bautizado como el Hotel Bélgica, pues hoy es un edificio de apartamentos. Entré allí como "freganchín" en la cocina del hotel, dispuesto a sumergir mis manos en el agua y el jabón, como si con ello pudiera limpiar también el rastro de aquella noche en La Ranilla. Sabía que la vida cambiaba de rumbo, y tras los muros de ese hotel, hoy desaparecido, estaba a punto de comenzar un nuevo capítulo de luces y sombras de mi historia que ya les contaré en un nuevo capítulo.

Lange Aguiar 1 de Julio 2026