Creando, construyendo, disfrutando lo que somos, experimentando lo que escribimos...

Bienvenido al blog de Lange Aguiar.
Disfruta y crea, ¡TÚ TAMBIEN PUEDES HACERLO!.
Está permitido emocionarse, llorar, reir y, sobre todo SER, COMPRENDER y VIVIR.

9 jun 2026

 Esta es una historia inventada, o cuento o fábula inspiradas en un corsario muy conocido, en una preciosa florista, su amada y en un clérigo o sacristán  que viven una gran aventura pues  donde las brumas de La Laguna esconden secretos más profundos que el simple oro, y donde la lealtad se pone a prueba bajo la sombra de lo desconocido.

1. 

Las Sombras del Aguacero: El Secreto de Pargo

Amaro Pargo era un corsario cuya audacia solo era igualada por su hermetismo. Su vida era un vaivén entre los cañonazos en alta mar y el silencio de las calles empedradas de La Laguna. Aquella noche, el aire no solo traía sal, sino un presagio frío que erizaba la piel. Al atracar el  "Aguacero", Amaro no buscaba solo descanso; buscaba respuestas a un pergamino que quemaba en su bolsillo.

En el mercado, el bullicio habitual se sentía distinto. Allí estaba Juana, cuya mirada siempre había sido el faro de Amaro, acompañada por Pedro, un joven sacristán de la Catedral con una curiosidad intelectual que a menudo rozaba lo peligroso. Pedro no solo conocía los archivos de la ciudad, sino que sabía leer los silencios de la historia.

—Amaro, llegas con el rostro ensombrecido —dijo Juana, dejando de lado un ramo de aceviños—. Ni el sol de las Indias te ha dado color esta vez.

—No es el sol lo que me preocupa, Juana, sino lo que la oscuridad oculta —respondió Amaro, extendiendo un mapa que no mostraba rutas comerciales, sino extrañas inscripciones en latín y símbolos que Mateo reconoció al instante.

Pedro se acercó, ajustándose los anteojos.

—Este no es un mapa de tesoros comunes, Amaro. Estos símbolos pertenecen a la "Orden del Teide", una secta que se cree custodiaba reliquias antes de la conquista. Dicen que no buscaban oro, sino el "Corazón de la Tierra".

2. 

El Misterio se Profundiza

Juana, lejos de amedrentarse, sintió un escalofrío de excitación.

—Si ese mapa habla de las cuevas de nuestra isla, no es solo un botín. Es nuestra historia. Pero mira aquí... —señaló una mancha de cera negra en la esquina del papel—. Alguien más ha intentado leer esto, y no hace mucho.

—Rodrigo —gruñó Amaro—. Mi antiguo rival. No busca riqueza para la Corona, busca un poder que no comprende.

Esa misma noche, los tres se reunieron en el puerto. El plan era sencillo pero arriesgado: Pedro descifraría las marcas del terreno, Juana usaría su conocimiento de los senderos ocultos de los montes, y Amaro pondría el acero. Sin embargo, antes de zarpar, una figura encapuchada los observaba desde las sombras de los almacenes, desapareciendo justo cuando la luna se ocultó tras una nube.

 3. 

La Cueva de los Susurros

Al llegar a la costa norte, donde el mar ruge contra los acantilados de basalto, encontraron la entrada a una gruta sumergida. Al entrar, el eco de sus pasos se mezclaba con un susurro extraño, como si las paredes de piedra recordaran voces antiguas.

—Esto no es una cueva natural —susurró Pedro, señalando grabados de dragos y soles en la piedra—. Es un templo.

De pronto, una risa seca resonó en la oscuridad. Rodrigo apareció de entre las sombras, rodeado de hombres armados. Pero no traían palas, sino extraños amuletos.

—Pargo, siempre tan previsible —dijo Rodrigo—. Crees que esto es oro. Pero este lugar guarda el eco de los que estuvieron antes. El mapa solo es la llave para despertar algo que tú, un simple corsario, no podrías controlar.

La tensión estalló en un choque de aceros. Mientras Amaro contenía a Rodrigo en un duelo feroz donde las chispas de las espadas iluminaban la penumbra, Juana y Pedro se dieron cuenta de que la trampa no era física, sino mecánica. El suelo empezó a vibrar.

—¡Amaro, el mapa! —gritó Pedro—. ¡No es una ruta, es un código rítmico!

Juana, con una agilidad asombrosa, utilizó el peso de unas estatuas de piedra para bloquear el mecanismo que Rodrigo intentaba activar para sellar la cueva con ellos dentro. Con un movimiento coordinado, Pedro activó el cierre inverso, atrapando a los hombres de Rodrigo en una sección lateral mientras el camino hacia el verdadero secreto se abría.

4. 

El Verdadero Tesoro

Al fondo de la cámara no encontraron cofres de doblones. En su lugar, sobre un altar de piedra volcánica, descansaba un antiguo astrolabio de oro y cristal de roca, grabado con las constelaciones exactas que se veían sobre las Canarias hacía siglos.

—No es dinero —dijo Juana con asombro, tocando el cristal—. Es conocimiento. Un mapa de las estrellas para navegar sin necesidad de tierra a la vista.

Amaro bajó su espada, respirando agitado. Rodrigo había huido por un pasadizo secundario, pero ya no importaba.

—Este instrumento vale más que todo el oro del Aguacero. Es el poder de descubrir nuevos mundos sin perderse en el camino.

Al salir de la cueva, mientras el primer rayo de sol iluminaba el Teide, Amaro miró a sus compañeros. Juana, con su valentía indomable, y Pedro, con su sabiduría silenciosa, habían sido la verdadera brújula.

—La Laguna guardaba un misterio que casi nos cuesta la vida —concluyó Amaro—, pero ahora sé que los mayores tesoros no se gastan en tabernas, se protegen con la lealtad.

Regresaron a casa antes de que la ciudad despertara del todo, guardando el secreto del astrolabio. Amaro Pargo siguió siendo el corsario del Rey, pero desde aquel día, cada vez que miraba al cielo nocturno junto a Juana, sabía que su destino no estaba escrito en los mapas de los hombres, sino en el misterio compartido de su propia tierra.

8 jun 2026

UN PEQUEÑO CUENTO CANARIO

 


Bentor tenía dieciséis años, hijo de una familia humilde y muy comprometida con la realidad del barrio donde vivían.   Era un joven inquieto, muy inteligente y con una mente que nunca se callaba. Vivía atrapado en la prisa del día a día, hasta que una tarde decidió cerrar los ojos y buscar algo diferente. Se sentó en silencio y se entregó a la meditación.
Al principio, su mente se llenó de un pensamiento tras otro: las tareas pendientes, las dudas sobre el futuro, las expectativas de los demás. Pero no se detuvo. Decidió bajar el ritmo y prestar atención a lo que pasaba en su interior. Fue entonces cuando el ruido cesó y dio paso al sentimiento puro. Una intensa emoción de paz, que nunca antes había experimentado, lo inundó por completo.

En ese estado de calma, Bentor experimentó un encuentro consigo mismo, una conexión tan profunda que sintió cómo se encendía una chispa de sabiduría en su interior. Fue un verdadero despertar; abrió los ojos al mundo con una mirada limpia, dándose cuenta de que sus acciones individuales cobraban un nuevo sentido cuando se unían a las de los demás. Ese segundo encuentro, esta vez con la realidad de su entorno, encendió en él un fuerte deseo de solidaridad.

Ya no bastaba con soñar; era el momento de la acción y del compromiso. Bentor se unió a un grupo de jóvenes de su barrio para transformar un terreno baldío en un huerto comunitario. Ese proceso de creación colectiva no solo transformó el paisaje, sino que trajo una nueva luz a su propia vida.

Mientras sembraba y trabajaba la tierra, sintió una vibración cálida en el corazón. Comprendió que su futuro no era una meta lejana, sino una proyección de lo que construía en el presente. Miró a su alrededor, a sus amigos sonriendo y trabajando juntos, y supo que el verdadero sentido de todo no era otro que compartir amor a través de lo más simple y de los hechos  cotidianos. 
Lange Aguiar, 6 de junio 2026

7 jun 2026

Versos de amor sin límites

El amor más allá de los tiempos y las fronteras

A través del mapa invisible que no entiende de aduanas,

allí donde las fronteras son solo líneas de tiza sobre la tierra,

dos corrientes de aire se buscan sin saberlo, 

dos almas de aliento divino son, 

 desafiando la distancia,

el rugido herido de los mares, 

los años transcurridos 

y la soberbia de las montañas.

No importa el viento que intente desviar el rumbo,

ni los inviernos que congelen los relojes.

Cuando el tiempo, por fin, se cansa de esperar,

basta el destello fugaz de una mirada

o el puente colgante de una sonrisa a través de las redes 

para que el universo entero guarde silencio.

Es el reencuentro de lo que siempre estuvo unido.

Un reconocimiento callado, un eco antiguo,

la certeza absoluta de que este instante

ya se había escrito con tinta de estrellas

mucho antes de que el primer aliento tocara la carne, 

porque había un pacto sellado en el origen,

un juramento mudo previo al nacimiento:

cruzar el laberinto de los años,

soportar el peso del olvido y la espera,

para volver a mirarse a los ojos

y recordar, al fin, quiénes éramos 

sellados en hermosos y eternos besos. 

porque ese amor es de hoy y de siempre

porque no existe el tiempo 

en nuestro  interno universo 

Lange Aguiar

Junio 2026

6 jun 2026

LA MEDITACIÓN

 EL SILENCIO DE LA TARDE

En el silencio de la tarde,
comienza la meditación.
Se acalla el pensamiento apurado
para dar espacio al sentimiento que brota,
a esa emoción latente que expande el pecho.
En el refugio de la calma ocurre el encuentro:
un chispazo de sabiduría antigua,
un dulce despertar del alma
que de pronto lo comprende todo.
Y de ese centro interno nace otro encuentro,
esta vez con el mundo, con el hermano,
dibujando la mano abierta de la solidaridad.
Ya no es tiempo de esperar:
brota la acción decidida,
el compromiso inquebrantable de los justos,
la creación de una nueva realidad.
Una luz clara inunda el corazón,
que se convierte en una proyección infinita hacia el mañana,
en el simple y revolucionario acto
de compartir amor.
Lange Aguiar 6 de Junio  2026

5 jun 2026

MIS SONETOS

A La Sagrada Luz
 


*SONETO A LA SAGRADA LUZ*
La vida tiene nombre de mujer,
en su vientre se acuna el universo,
donde el misterio más sagrado y terso
comienza dulcemente a florecer.

De su cuerpo la luz vuelve a nacer,
rompiendo la penumbra en un reverso,
y en su pecho de amor, puro e inmenso,
brota el sustento que nos hace ser.

Manantial de la tibia existencia,
que nutre al caminante en este suelo
con la leche bendita de su celo.

Es refugio, raíz, alma y esencia;
el milagro viviente que en la Tierra
toda la gloria del planeta encierra.
Lange Aguiar Junio 2026


4 jun 2026

MI PROPIO ECO

 

Mi propio eco 

A veces
muchas veces,
detengo el paso.
Un alto silencioso en mitad del ruido,
un no saber qué me pasa
mientras la tierra, bajo mis pies, se mueve.
Lo más profundo de mí no encuentra palabras.
Tengo un deseo urgente de mudar la piel,
de alterar el curso de mis sensaciones,
de pronunciar, por fin, un "no" rotundo
a los compromisos que caen, como lluvia de plomo,
sobre mis hombros.
Y la noche me pasa factura:
el dolor se instala tras mi frente,
el insomnio desvela mi fatiga
y las pesadillas muerden mis horas de descanso.
Porque cambiar es un territorio duro,
un paisaje difícil.
Sin embargo, insisto en construir.
Persisto en crear, en sostener el reflejo,
en alimentar una imagen para la mirada ajena:
—"Era coherente", dirán,
"cumplía su palabra, estaba comprometido"—.
Mantener este perfil, esta presencia intacta,
me cuesta sangre.
Una voz interna me susurra: se acabó.
Pero continúo.
Silencioso.
Con las heridas latiendo hacia dentro
y los sentimientos astillados, rotos.
Soporto el peso de mi propio eco,
esperando el instante exacto:
ese destello valiente y definitivo
para soltar amarras,
cambiar de rumbo
y adueñarme, de una vez por todas,
de las riendas de mi propia vida.
Lange Aguiar


2 jun 2026

Volver siempre no es volver, es repetir.

El rastro de lo andado

El tiempo no es algo que se va,

es algo que se asienta,

una reserva que guardamos en la despensa

para cuando el presente necesita sentido.

Experiencias que fueron espera,

momentos que hoy son trofeo y son refugio.

Vuelvo a caminar por estas calles,

las aceras que conocen mis pasos de entonces,

y regresan los rostros, las miradas que buscaban,

aquel deseo urgente de los cuerpos que se encuentran.

El placer era algo esquivo,

una humedad que se escurría entre los dedos,

pero siempre volvíamos al mismo lugar,

al centro exacto de la búsqueda.

Es una etapa que ya no me pertenece,

un mapa cuyas fronteras he cruzado hace tiempo.

No busco el orgullo en lo que hice,

ni pretendo colgar medallas sobre mis errores;

lo que queda es la huella en el camino,

esa lucidez que solo llega

cuando dejas de perseguir y empiezas a entender.

Me detengo ante los bares de siempre,

esos templos de ocio y noche

donde el humo y el sudor dictaban las reglas.

Cierro los ojos y el destello sigue ahí:

los cuerpos bailando, el eco de la música,

la vida ardiendo en cada esquina.

Abro los ojos y sonrío.

No hay nostalgia, solo reconocimiento.

Lo vivido está hecho,

se ha quedado tatuado bajo mi piel

como una verdad que nadie puede borrar.

Lange Aguiar

Madrid 29 de Abril 2026

1 jun 2026

Jugando a realizar textos breves y microrrelatos

DE MÁS A MENOS


1.- Muchas noches Soñé con un sueño imposible, una estrella brillante a la que nunca pude tocar.  Un estrella  radiante, hermosa,  con mucha fuerza y rebosante de luz . Pero también  desperté en otra noche oscura, donde la soledad y el miedo me arrullaban con su abrazo frío, distante, tenebroso y solitario. Cada noche me acercaba más, al sueños de la estrella hermosa y  feliz y decidido quería acercarme un poco más,  pero al amanecer el horizonte se alejaba, burlón e infinito. Una mañana desperté en otra realidad: atrapado en una pesadilla más oscura, donde la incertidumbre y el miedo tejían una red invisible a mi alrededor, y la voz de la duda susurraba que nunca llegaría. El peso de la frustración me hizo cerrar los ojos con fuerza, deseando escapar de ese ciclo sin fin. Pero el verdadero despertar no llegó con un milagro, sino con un gesto pequeño: aceptar que el sueño no debía ser un punto lejano, sino un camino que recorrer, imperfecto y lleno de aprendizajes. Un sueño que me recordaba lo que era, lo que sentía  y lo que había venido a vivir. Al abrir los ojos, comprendí que la luz de la estrella no estaba afuera, sino en esa chispa de valentía que me impulsaba a seguir, a caer y levantarme, a caminar aunque la meta pareciera imposible.  Que esa estrella estaba dentro de mí y que tenía que abrirla a los demás, a mostrar su luz.. Y fue en esa aceptación, en esa comprensión,  donde encontré mi verdadero despertar.

2.- Soñé con un sueño imposible, una estrella lejana que me llamaba desde un rincón inalcanzable del cielo. Cada noche me acercaba más, feliz y decidido, pero al amanecer el horizonte se alejaba, burlón e infinito. Una mañana desperté en otra realidad: atrapado en una pesadilla más oscura, donde la incertidumbre y el miedo tejían una red invisible a mi alrededor, y la voz de la duda susurraba que nunca llegaría. Cerré los ojos y, al despertar de verdad, encontré en mí la luz que creí perdida: 

3.Soñé con un sueño imposible, una estrella lejana que me llamaba desde un rincón inalcanzable del cielo- Cuando desperté, me encontré atrapado en otra pesadilla, donde la frustración y la duda eran mis únicas compañeras. Cerré los ojos con fuerza, deseando despertar de verdad, y al abrirlos, comprendí que el verdadero despertar era aceptarme y seguir intentando, aunque el sueño pareciera inalcanzable.

4.- Soñé con un sueño imposible y no pude alcanzarlo. Desperté en otro sueño peor. Cerré los ojos y decidí despertar de verdad, siendo Y0.


DE MENOS A MÁS 

1.-Salí con dudas y la lluvia me atrapó sin refugio. Dejé de huir y la abracé; en sus gotas encontré la calma que buscaba 

2 .-Sali a la calle con dudas. Caminé bajo la lluvia, buscando un refugio que nunca apareció. Las gotas empapaban mi ropa y mi paciencia, pero seguí adelante, sin prisa ni miedo. Entonces me detuve, abracé el agua que caía sobre mí y, en ese instante, sentí cómo su esencia limpiaba cada duda y llenaba mi alma de vida.


 3.- Salí a la calle bajo un cielo encapotado, con el alma cargada de dudas y un corazón que no encontraba ritmo. La lluvia comenzó a caer justo cuando mis pasos vacilaban, sin un rumbo claro ni un refugio a la vista. Cada gota sobre mi piel parecía un susurro del mundo recordándome que, a veces, hay que dejarse mojar para sentir. Sin resistirme más, me detuve, abracé el agua que me envolvía y, en ese abrazo frío y liberador, sentí cómo la lluvia lavaba mis miedos, despertaba mi esencia y devolvía sentido a mi caminar.


4.-Salí titubeando a la calle bajo un cielo encapotado, una cúpula plomiza y baja que parecía inclinarse sobre los tejados, atrapando el aire y la luz.  El día carecía de matices, teñido de un gris uniforme que encajaba perfectamente con lo que llevaba dentro. Caminaba con el alma cargada de dudas, un peso invisible pero rotundo que entorpecía cada pensamiento, arrastrando preguntas para las que no encontraba respuesta y un corazón que no encontraba ritmo; latía descompasado, ajeno al pulso del mundo, como un reloj cansado que ha perdido su centro.
Mis pasos vacilaban en la acera, erráticos, deteniéndose ante los escaparates sin mirar realmente nada. No había un rumbo claro en mi mente, ninguna meta que justificaría el esfuerzo de avanzar, ni tampoco un refugio a la vista donde esconderme de la mirada del día o de mí mismo. Fue en ese instante de absoluta intemperie cuando las nubes terminaron de romperse. La lluvia comenzó a caer, primero como un vaho fresco que humedecía el asfalto, y después en hilos gruesos y decididos que lo envolvieron todo en un murmullo blanco.
Alrededor, la gente empezó a correr, buscando la prisa de los portales, el amparo de los paraguas o el cobijo de los cafés. Yo, en cambio, me quedé suspendido en el centro de la prisa ajena. Cada gota sobre mi piel, el frío golpeando mi frente y resbalando por mis mejillas, comenzó a perder su condición de inclemencia. Ya no era un clima hostil; parecía, más bien, un susurro del mundo recordándome que, a veces, la única forma de romper la anestesia de la rutina y el dolor es desarmarse, romper la coraza y dejarse mojar para volver a sentir la vida en su estado más puro.
La resistencia que me había mantenido tenso durante semanas se disolvió en un segundo. Sin resistirme más, me detuve en seco, ajeno al agua que inundaba mis zapatos y empapaba mi ropa. Deseé que el tiempo se congelara allí mismo. Abracé el agua que me envolvía, abriendo los brazos a la tormenta como quien recibe a un viejo aliado y, en ese abrazo frío y liberador, sentí cómo la lluvia lavaba mis miedos, despertaba mi esencia y devolvía sentido a mi caminar.

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23 may 2026