Creando, construyendo, disfrutando lo que somos, experimentando lo que escribimos...

Bienvenido al blog de Lange Aguiar.
Disfruta y crea, ¡TÚ TAMBIEN PUEDES HACERLO!.
Está permitido emocionarse, llorar, reir y, sobre todo SER, COMPRENDER y VIVIR.

23 sept 2026

20 sept 2026

Microrrelatos 2026

 La sangre de mi atardecer 

Lange Aguiar
Septiembre 2026

Sí, sí... sí», murmuro. La tarde se desmorona frente a mí y el sol se oculta, rojo e incandescente como la sangre misma de mi vida. Lloro sin freno. Mis lágrimas caen hacia el abismo, fundiéndose para siempre con la sal del mar. Es entonces cuando las olas rompen con suavidad sobre mis pies. Al acariciarme con su vaivén helado, el océano me devuelve a la tierra, limpiando el dolor y recordándome, en un susurro eterno, que sigo vivo. Y es entonces cuando me arrodillo sobre la arena y doy gracias al universo y a mi sol interior, que también produce atardeceres.

18 sept 2026

SILENCIO INTERIOR

 En este rincón de silencio

En el silencio de esta capilla,
en el suave murmullo de la música,
me miro hacia dentro
y descubro, lentamente,
que lo vivido fue hermoso,
que la vida —con sus luces y sus sombras—
también sabe acompañarnos.
Y entonces comprendo
que no estoy solo.
No, no  estoy solo.
Me acompaña lo vivido,
me acompaña lo aprendido,
cada herida, cada abrazo,
cada olvido,
cada paso equivocado,
cada sueño compartido.
Me acompaña mi camino.
Y qué hermoso saber
que uno nunca está del todo solo
cuando aprende a habitarse.
Aquí,
en este rincón,
en esta capilla,
la música acaricia el alma
y devuelve imágenes,
rostros,
esculturas,
manos que rezan,
ojos que buscan.
Todo parece decir
lo que alguien lleva dentro
y necesita sacar afuera.
Fervor.
Miedo.
Esperanza.
Necesidad de ser escuchado.
Y siento una cierta pena,
una pequeña tristeza,
al pensar cuánto buscamos fuera
lo que ya llevamos dentro.
Porque quizá buscamos en las piedras, 
lo que habita en el corazón.
Buscamos respuestas en las imágenes,
refugio en los símbolos,
certezas en las palabras,
cuando quizá el verdadero refugio
empieza al atrevernos
a mirarnos sin escapar.
Porque da miedo encontrarse.
Da miedo descubrir
quién eres,
qué eres,
qué representas,
qué has vivido,
qué deseas,
qué sientes
cuando nadie te está mirando.
Da miedo entrar
en la habitación más secreta:
la de uno mismo.
Somos seres creadores.
Creamos dioses,
símbolos,
refugios,
caminos
para no perdernos.
Y quizá no haya nada malo en ello.
También yo me refugio.
Me gusta este rincón,
esta penumbra,
esta música lenta,
este silencio que respira.
Pero no vengo aquí
para dejar fuera mis oraciones.
Vengo para escucharlas.
No vengo a pedirle al cielo
que me diga quién soy,
sino a encontrarme
en ese lugar interior
donde sobran las palabras
y basta la presencia.
La música sigue sonando,
suave,
como una caricia
sobre aquello
que todavía no sé nombrar.
Y comprendo:
quizá la oración más profunda
no sea hablar hacia fuera,
sino escuchar hacia dentro.
Y descubrir,
en el silencio de esta capilla,
que el refugio que buscaba afuera
siempre había estado en mí.
Lange Aguiar. 
Septiembre 2026

17 sept 2026

Horizontes

 HORIZONTES OSCUROS

Siento que se complica el aire,
que se vuelve pesado el momento,
que a veces la vida no llega sola,
sino escoltada por falsos tiempos de sombras,
de dudas, de malos augurios
que marchan despacio
por las calles del pensamiento.
Siento que se enredan los días,
que se oscurecen las horas,
y mi alma, sin saber por qué,
se queda mirando cómo la luz abandona
algunos rincones de mis esperanzas.
Hay instantes que aprietan mi vida,
que me hacen experimentar la ausencia
de aquello que creía eterno: la calma, la certeza,
el sencillo resplandor de sentirme completo.
Y entonces comprendo que también existe la noche,
que también el dolor forma parte del viaje,
que hay experiencias rotas que llegan sin aviso
y cambian, por instantes, el rumbo de nuestros pasos.
Yo pensaba que la vida traía un camino dibujado,
una ruta de sensaciones que el tiempo cumpliría
sin alterar sus señales. Pero la vida no promete mapas,
ni senderos sin tormenta, ni horizontes que permanezcan
al alcance de mi mano. A veces se quiebran mis pasos,
se desordena mi destino, y aquello que parecía seguro
se convierte en un paisaje que ya no reconozco.
Pero hay que seguir mirando al frente,
aunque el horizonte se aleje, o la luz parezca pequeña,
o el corazón se canse de esperar la mañana.
Porque quizá el horizonte no se aleja
sino que me enseña que la vida es movimiento,
que caminar también es aprender a respirar en la oscuridad.
Quiero seguir andando con las heridas abiertas
y la esperanza en silencio, recogiendo del suelo
los pedazos de mi cuerpo que dejaron los días difíciles.
Quiero seguir andando, porque cuando falta la luz,
algo dentro de mí insiste en mirar hacia ella.
Y así pasan estos momentos, como nubes sobre la existencia,
como páginas que se escriben sin pedirnos permiso primero
Y así seguimos, aprendiendo que vivir
no es solamente experimentar la luz,
sino también atravesar la sombra,
sin olvidar que al otro lado del miedo,
más allá de la noche,
el horizonte continúa llamándome.
que se vuelve pesado el momento,
que a veces la vida no llega sola,
sino escoltada por falsos tiempos de sombras,
de dudas, de malos augurios
que marchan despacio
por las calles del pensamiento.
Siento que se enredan los días,
que se oscurecen las horas,
y mi alma, sin saber por qué,
se queda mirando cómo la luz abandona
algunos rincones de mis esperanzas.
Hay instantes que aprietan mi vida,
que me hacen experimentar la ausencia
de aquello que creía eterno: la calma, la certeza,
el sencillo resplandor de sentirme completo.
Y entonces comprendo que también existe la noche,
que también el dolor forma parte del viaje,
que hay experiencias rotas que llegan sin aviso
y cambian, por instantes, el rumbo de nuestros pasos.
Yo pensaba que la vida traía un camino dibujado,
una ruta de sensaciones que el tiempo cumpliría
sin alterar sus señales. Pero la vida no promete mapas,
ni senderos sin tormenta, ni horizontes que permanezcan
al alcance de mi mano. A veces se quiebran mis pasos,
se desordena mi destino, y aquello que parecía seguro
se convierte en un paisaje que ya no reconozco.
Pero hay que seguir mirando al frente,
aunque el horizonte se aleje, o la luz parezca pequeña,
o el corazón se canse de esperar la mañana.
Porque quizá el horizonte no se aleja
sino que me enseña que la vida es movimiento,
que caminar también es aprender a respirar en la oscuridad.
Quiero seguir andando con las heridas abiertas
y la esperanza en silencio, recogiendo del suelo
los pedazos de mi cuerpo que dejaron los días difíciles.
Quiero seguir andando, porque cuando falta la luz,
algo dentro de mí insiste en mirar hacia ella.
Y así pasan estos momentos, como nubes sobre la existencia,
como páginas que se escriben sin pedirnos permiso primero
Y así seguimos, aprendiendo que vivir
no es solamente experimentar la luz,
sino también atravesar la sombra,
sin olvidar que al otro lado del miedo,
más allá de la noche,
el horizonte continúa llamándome.

Lange Aguiar . 17 de Septiembre 2026

11 sept 2026