HORIZONTES OSCUROS
Siento que se complica el aire,
que
se vuelve pesado el momento,
que a veces la vida no llega
sola,
sino escoltada por falsos tiempos de sombras,
de dudas,
de malos augurios
que marchan despacio
por las calles del pensamiento.
Siento
que se enredan los días,
que se oscurecen las horas,
y mi
alma, sin saber por qué,
se queda mirando cómo la luz
abandona
algunos rincones de mis esperanzas.
Hay instantes que
aprietan mi vida,
que me hacen experimentar la ausencia
de aquello que creía eterno: la calma,
la certeza,
el sencillo resplandor de sentirme
completo.
Y entonces comprendo que también
existe la noche,
que también el dolor forma parte del
viaje,
que hay experiencias rotas que llegan
sin aviso
y cambian, por instantes, el rumbo de
nuestros pasos.
Yo pensaba que la vida traía un camino
dibujado,
una ruta de sensaciones que el tiempo cumpliría
sin
alterar sus señales. Pero la vida no promete mapas,
ni senderos
sin tormenta, ni horizontes que permanezcan
al alcance de mi mano.
A veces se quiebran mis pasos,
se desordena mi destino, y aquello
que parecía seguro
se convierte en un paisaje que ya no
reconozco.
Pero hay que seguir mirando al frente,
aunque el
horizonte se aleje, o la luz parezca pequeña,
o el corazón se
canse de esperar la mañana.
Porque quizá el horizonte no se
aleja
sino que me enseña que la vida es movimiento,
que caminar también es aprender a
respirar en la oscuridad.
Quiero seguir andando con las heridas
abiertas
y la esperanza en silencio, recogiendo del suelo
los
pedazos de mi cuerpo que dejaron los días difíciles.
Quiero
seguir andando, porque cuando falta la luz,
algo dentro de mí
insiste en mirar hacia ella.
Y así pasan estos momentos, como
nubes sobre la existencia,
como páginas que se escriben sin
pedirnos permiso primero
Y así seguimos, aprendiendo que vivir
no
es solamente experimentar la luz,
sino también atravesar la sombra,
sin olvidar que al otro lado del
miedo,
más allá de la noche,
el horizonte continúa
llamándome.
que
se vuelve pesado el momento,
que a veces la vida no llega
sola,
sino escoltada por falsos tiempos de sombras,
de dudas,
de malos augurios
que marchan despacio
por las calles del pensamiento.
Siento
que se enredan los días,
que se oscurecen las horas,
y mi
alma, sin saber por qué,
se queda mirando cómo la luz
abandona
algunos rincones de mis esperanzas.
Hay instantes que
aprietan mi vida,
que me hacen experimentar la ausencia
de aquello que creía eterno: la calma,
la certeza,
el sencillo resplandor de sentirme
completo.
Y entonces comprendo que también
existe la noche,
que también el dolor forma parte del
viaje,
que hay experiencias rotas que llegan
sin aviso
y cambian, por instantes, el rumbo de
nuestros pasos.
Yo pensaba que la vida traía un camino
dibujado,
una ruta de sensaciones que el tiempo cumpliría
sin
alterar sus señales. Pero la vida no promete mapas,
ni senderos
sin tormenta, ni horizontes que permanezcan
al alcance de mi mano.
A veces se quiebran mis pasos,
se desordena mi destino, y aquello
que parecía seguro
se convierte en un paisaje que ya no
reconozco.
Pero hay que seguir mirando al frente,
aunque el
horizonte se aleje, o la luz parezca pequeña,
o el corazón se
canse de esperar la mañana.
Porque quizá el horizonte no se
aleja
sino que me enseña que la vida es movimiento,
que caminar también es aprender a
respirar en la oscuridad.
Quiero seguir andando con las heridas
abiertas
y la esperanza en silencio, recogiendo del suelo
los
pedazos de mi cuerpo que dejaron los días difíciles.
Quiero
seguir andando, porque cuando falta la luz,
algo dentro de mí
insiste en mirar hacia ella.
Y así pasan estos momentos, como
nubes sobre la existencia,
como páginas que se escriben sin
pedirnos permiso primero
Y así seguimos, aprendiendo que vivir
no
es solamente experimentar la luz,
sino también atravesar la sombra,
sin olvidar que al otro lado del
miedo,
más allá de la noche,
el horizonte continúa
llamándome.
Lange Aguiar . 17 de Septiembre 2026