Creando, construyendo, disfrutando lo que somos, experimentando lo que escribimos...

Bienvenido al blog de Lange Aguiar.
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Está permitido emocionarse, llorar, reir y, sobre todo SER, COMPRENDER y VIVIR.

2 jun 2026

Volver siempre no es volver, es repetir.

El rastro de lo andado

El tiempo no es algo que se va,

es algo que se asienta,

una reserva que guardamos en la despensa

para cuando el presente necesita sentido.

Experiencias que fueron espera,

momentos que hoy son trofeo y son refugio.

Vuelvo a caminar por estas calles,


las aceras que conocen mis pasos de entonces,

y regresan los rostros, las miradas que buscaban,

aquel deseo urgente de los cuerpos que se encuentran.

El placer era algo esquivo,

una humedad que se escurría entre los dedos,

pero siempre volvíamos al mismo lugar,

al centro exacto de la búsqueda.

Es una etapa que ya no me pertenece,

un mapa cuyas fronteras he cruzado hace tiempo.

No busco el orgullo en lo que hice,

ni pretendo colgar medallas sobre mis errores;

lo que queda es la huella en el camino,

esa lucidez que solo llega

cuando dejas de perseguir y empiezas a entender.

Me detengo ante los bares de siempre,

esos templos de ocio y noche

donde el humo y el sudor dictaban las reglas.

Cierro los ojos y el destello sigue ahí:

los cuerpos bailando, el eco de la música,

la vida ardiendo en cada esquina.

Abro los ojos y sonrío.

No hay nostalgia, solo reconocimiento.

Lo vivido está hecho,

se ha quedado tatuado bajo mi piel

como una verdad que nadie puede borrar.

Lange Aguiar

Madrid 29 de Abril 2026

1 jun 2026

Jugando a realizar textos breves y microrrelatos

DE MÁS A MENOS

1.- Soñé con un sueño imposible, una estrella brillante a la que nunca pude tocar. Desperté en otra noche oscura, donde la soledad y el miedo me arrullaban con su abrazo frío. Cada noche me acercaba más, feliz y decidido, pero al amanecer el horizonte se alejaba, burlón e infinito. Una mañana desperté en otra realidad: atrapado en una pesadilla más oscura, donde la incertidumbre y el miedo tejían una red invisible a mi alrededor, y la voz de la duda susurraba que nunca llegaría. El peso de la frustración me hizo cerrar los ojos con fuerza, deseando escapar de ese ciclo sin fin. Pero el verdadero despertar no llegó con un milagro, sino con un gesto pequeño: aceptar que el sueño no debía ser un punto lejano, sino un camino que recorrer, imperfecto y lleno de aprendizajes. Al abrir los ojos, comprendí que la luz de la estrella no estaba afuera, sino en esa chispa de valentía que me impulsaba a seguir, a caer y levantarme, a caminar aunque la meta pareciera imposible. Y fue en esa aceptación donde encontré mi verdadero despertar

2.- Soñé con un sueño imposible, una estrella lejana que me llamaba desde un rincón inalcanzable del cielo. Cada noche me acercaba más, feliz y decidido, pero al amanecer el horizonte se alejaba, burlón e infinito. Una mañana desperté en otra realidad: atrapado en una pesadilla más oscura, donde la incertidumbre y el miedo tejían una red invisible a mi alrededor, y la voz de la duda susurraba que nunca llegaría. Cerré los ojos y, al despertar de verdad, encontré en mí la luz que creí perdida: 

3.Soñé con un sueño imposible, una estrella lejana que me llamaba desde un rincón inalcanzable del cielo- Cuando desperté, me encontré atrapado en otra pesadilla, donde la frustración y la duda eran mis únicas compañeras. Cerré los ojos con fuerza, deseando despertar de verdad, y al abrirlos, comprendí que el verdadero despertar era aceptarme y seguir intentando, aunque el sueño pareciera inalcanzable.

4.- Soñé con un sueño imposible y no pude alcanzarlo. Desperté en otro sueño peor. Cerré los ojos y decidí despertar de verdad.


DE MENOS A MÁS 

1.- Salí con dudas y la lluvia me atrapó sin refugio. Dejé de huir y la abracé; en sus gotas encontré la calma que buscaba 

2 Caminé bajo la lluvia, buscando un refugio que nunca apareció. Las gotas empapaban mi ropa y mi paciencia, pero seguí adelante, sin prisa ni miedo. Entonces me detuve, abracé el agua que caía sobre mí y, en ese instante, sentí cómo su esencia limpiaba cada duda y llenaba mi alma de vida.

 3.- Salí a la calle bajo un cielo encapotado, con el alma cargada de dudas y un corazón que no encontraba ritmo. La lluvia comenzó a caer justo cuando mis pasos vacilaban, sin un rumbo claro ni un refugio a la vista. Cada gota sobre mi piel parecía un susurro del mundo recordándome que, a veces, hay que dejarse mojar para sentir. Sin resistirme más, me detuve, abracé el agua que me envolvía y, en ese abrazo frío y liberador, sentí cómo la lluvia lavaba mis miedos, despertaba mi esencia y devolvía sentido a mi caminar.

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