La sangre de mi atardecer
Lange Aguiar
Septiembre 2026
Sí, sí... sí», murmuro. La tarde se desmorona frente a mí y el sol se oculta, rojo e incandescente como la sangre misma de mi vida. Lloro sin freno. Mis lágrimas caen hacia el abismo, fundiéndose para siempre con la sal del mar. Es entonces cuando las olas rompen con suavidad sobre mis pies. Al acariciarme con su vaivén helado, el océano me devuelve a la tierra, limpiando el dolor y recordándome, en un susurro eterno, que sigo vivo. Y es entonces cuando me arrodillo sobre la arena y doy gracias al universo y a mi sol interior, que también produce atardeceres.