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Está permitido emocionarse, llorar, reir y, sobre todo SER, COMPRENDER y VIVIR.

2 ago 2026

Nuevos poemas íntimos

 Los días que no tienen nombre


Hay tardes que pesan.
No porque pase algo.
Sino porque no pasa nada
Y aun así duele.

Esa tarde me pasó.
Me senté en la orilla
La de mi cama.
Cerré los ojos fuerte,
Como si apretando
Sintiera un nudo
Sin pelea.
Eran sentimientos.
Eran versiones mías. 
Eran emociones 
Que no comprendía
Y me dieron ganas
De salir corriendo.
De correr para no pensar.
Correr para solo sentir.
Correr para que el cuerpo 
Se doblegara a los sentimientos
Me quedé.
No corrí.
Respiré tres veces.
La primera temblando,
La segunda a medias,
La tercera completa.
Y entendí algo:
No todo se tiene
Que nombrar
Para existir.
Y busqué palabras.
Las busqué con la boca,
Con las manos,
Con la cabeza.
Tenía algo adentro.
Una emoción interna,
Profunda,
En el pecho.
Si lo tocaba,
Lloraba.
Si no lo tocaba, también.
Y entonces pasó:
Los ojos se me rompieron
A llorar
sin aparente motivo.
Sin noticia mala,
Sin recuerdos.
Solo se abrieron
Las compuertas
Y ya.
Como si así pudiera
Empujar hacia afuera
Lo que tenía adentro.
Lo que guarda mi alma
Y no sabe cómo hacerlo.
Eran momentos guardados
En cajas sin etiqueta.
Que volvían a visitarme.
Bajé la cabeza.
Extraño.
Sabía que ese no era yo,
O al menos no
El  yo que muestro.
Cuando nadie mira.
El que solo habita
Ese estado,
Ese momento,
Y no pide explicaciones...
La tarde se fue alejando
Despacio,
Sin pedir permiso.
Cuando abrí los ojos,
El cuarto seguía igual.
Peleando conmigo.
Roto un poco.
Entero un poco.
Humano.
Y eso, por hoy,
alcanzó su gloria.

Lange Aguiar 26 de Julio 2026