A la Vida compartida contigo en todos los tiempos
I
Antes del primer destello de las estrellas,
cuando el vacío era un lienzo sin trazar,
ya nuestras almas dejaban sus huellas,
predestinadas, por siempre, a amar.
II
Hemos sido polvo de estrellas en cielos lejanos,
reyes sin corona en tierras de olvido,
marineros de un mar de fuego soberano,
y extraños que un día el azar ha unido.
Cambiamos de forma, de piel y de acento,
habitamos planetas que el ojo no ve,
viajamos de prisa en el lomo del viento,
muriendo en un mundo, naciendo otra vez.
III
Pero no importa el disfraz de la historia,
ni el denso tejido de la realidad;
basta una mirada para hacer memoria,
basta un suspiro para la verdad.
«Eres tú», susurra el alma en el pecho,
mientras las barreras se empiezan a hundir.
El tiempo se dobla, se rinde el derecho
de toda distancia que intente insistir.
IV
Somos dos seres de luz encendida,
que no necesitan del sol su calor,
nos alimentamos de nuestra propia vida,
del brillo sagrado de un lazo mayor.
Cruzamos los versos de mil universos,
rompiendo las leyes de la gravedad,
en un infinito de mundos diversos,
tú y yo somos, siempre, la única verdad.
Lange Aguiar . 18 de Julio 2026