El rastro de lo andado
El tiempo no es algo que se va,
es algo que se asienta,
una reserva que guardamos en la despensa
para cuando el presente necesita sentido.
Experiencias que fueron espera,
momentos que hoy son trofeo y son refugio.
Vuelvo a caminar por estas calles,
las aceras que conocen mis pasos de entonces,
y regresan los rostros, las miradas que buscaban,
aquel deseo urgente de los cuerpos que se encuentran.
El placer era algo esquivo,
una humedad que se escurría entre los dedos,
pero siempre volvíamos al mismo lugar,
al centro exacto de la búsqueda.
Es una etapa que ya no me pertenece,
un mapa cuyas fronteras he cruzado hace tiempo.
No busco el orgullo en lo que hice,
ni pretendo colgar medallas sobre mis errores;
lo que queda es la huella en el camino,
esa lucidez que solo llega
cuando dejas de perseguir y empiezas a entender.
Me detengo ante los bares de siempre,
esos templos de ocio y noche
donde el humo y el sudor dictaban las reglas.
Cierro los ojos y el destello sigue ahí:
los cuerpos bailando, el eco de la música,
la vida ardiendo en cada esquina.
Abro los ojos y sonrío.
No hay nostalgia, solo reconocimiento.
Lo vivido está hecho,
se ha quedado tatuado bajo mi piel
como una verdad que nadie puede borrar.
Lange Aguiar
Madrid 29 de Abril 2026
