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12 jun 2026

Una oración al mar

UNA ORACIÓN AL MAR

El sonido de las olas rompiendo con fuerza contra la arena me acompaña mientras camino hacia la orilla. La tarde va cayendo en Canarias, en Punta Larga de Candelaria y el océano Atlántico se extiende ante mí como un espejo infinito, uniendo el cielo y la tierra. Busco este espacio de paz porque mi mente y mi corazón están llenos de preguntas, de una contradicción que me quema por dentro y que necesito soltar.


Me siento en la arena húmeda, permitiendo que la brisa marina me acaricie la piel, y elevo mi mirada y mi pensamiento hacia ti. Hacia ti, Yahvé, Papá Dios, Madre creadora del amor. Sé que estás aquí, en la inmensidad del mar, en el susurro del viento y en el latido de mi propio pecho.
Con el eco de la reciente visita del Papa León XIV a España, y más concretamente a nuestras islas, no puedo evitar que el contraste me sacuda. Te siento en mi interior, Señor, y te lanzo la pregunta que me da vueltas en la cabeza:


—¿Cómo puede, dime Señor, un hombre solo movilizar la vida, movilizar a la gente, concentrarla para llevarles un mensaje de amor a sus conciencias? ¿Cómo puede hacerlo para desarrollar comprensión, solidaridad, amor, entrega, compasión y justicia, sin violencia, cuando resulta que tiene un séquito de cientos y cientos de policías, de cientos y cientos de seguridad, de altares alzados para reverenciarte en tu nombre?


El mar brama con suavidad, como si escuchara el peso de mis palabras.
—Va pertrechado en una cabina de cristal, Señor. Se invierte en todo lujo de detalles para poder ofrecer un homenaje a ese hombre que está hablando en nombre de tu amor. Se le reverencia, se le trata como a un emperador. Se gastan millones y millones de euros en todo este viaje mientras la gente no tiene vivienda y muere de hambre, son bombardeados niños y escuelas. Se hace todo el esfuerzo de sacar dinero de donde sea para poder organizar un viaje en nombre de la paz y del amor de un sacro pontífice . Y es ahí donde me quedo absorto, sin comprenderlo del todo y siempre en tu nombre.
Me dejo abrazar por unos instantes en silencio, contemplando la espuma blanca que se deshace en mis pies. Me miro hacia mi propio interior, porque yo también soy TÚ Señor, y me pregunto con dolor:
—¿Por qué en mi nombre? ¿Por qué en TU nombre? SE que el poder económico y político lo cubre todo. es verdad que moviliza conciencias, que la fe moviliza emociones, sentimientos y lágrimas. Pero es una imagen a un Cristo crucificado y a una virgen morena que no viven pues ha resucitado y ascendido a la vera DEL PADRE-MADRE. Me pregunto y sigo preguntándome: ¿Por qué en tu nombre, cuando tú decías que no tomemos el nombre del Padre, De Dios en vano?
Quiero que me escuches bien, Madre creadora, Papá Dios; no hablo desde el odio ni el rencor. No estoy en contra de que venga, no estoy en contra de que esté aquí. Sé que es un jefe de Estado de una pequeña nación, ubicada en un territorio pequeño, pero que aglutina a cientos y cientos de millones de seres humanos en el planeta. Reconozco ese misterio y ese alcance. Pero no puedo evitar soñar despierto frente a este mar:


—¡Qué hermoso sería si esa misma capacidad estuviera convocándose para decirle "no" a la guerra! Qué hermoso sería, con esas movilizaciones tan profundas, gritar con fuerza que los estados dejen, en el nombre de no sé quién de matar y asesinar a niños inocentes; que dejen, en el nombre de no sé qué, de arrasar con territorios enteros, con países o con pueblos. Y ahí no puedo seguir, siento señor que estas lágrimas que llenan mi rostro no perturbe tu paz, pero sé que tú me escuchas , que mi alma me escucha y que mi ESENCIA ME ABRAZA CON AMOR.


Una ola un poco más fuerte moja mis pies y salpica mis manos y mi cara. Siento que es como un abrazo tibio en medio de mi confesión. Suspiro profundamente, dejando que el aire puro de la costa llene mis pulmones, y concluyo mi diálogo contigo, sintiendo que mi voz se une a la fuerza de la naturaleza:
—Qué hermoso sería que esa capacidad de convocatoria pudiera revolucionar este planeta... Millones de voces, unidas, gritando: ¡Sí al amor! ¡Sí al amor!


Me quedo allí, sentado en la orilla, en la playa de este municipio de Candelaria bajo el cielo de Canarias. El sol comienzas a esconderse, pero en mi interior queda una claridad limpia. Sé que me has escuchado, SIENTO QUE ME HE ESCUCHADO, porque el amor que reclamo para el mundo es el mismo que siento vibrar en la inmensidad de este mar y en el fondo de mi alma resucitada, y desde ese mismo amor que tú expresabas en el calvario clavado a tu cruz de VIDA y a mi propia cruz de esta vida
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Lange Aguiar