A través del mapa invisible que no entiende de aduanas,
allí donde las fronteras son solo líneas de tiza sobre la tierra,
dos corrientes de aire se buscan sin saberlo,
dos almas de aliento divino son,
desafiando la distancia,
el rugido herido de los mares,
los años transcurridos
y la soberbia de las montañas.
No importa el viento que intente desviar el rumbo,
ni los inviernos que congelen los relojes.
Cuando el tiempo, por fin, se cansa de esperar,
basta el destello fugaz de una mirada
o el puente colgante de una sonrisa a través de las redes
para que el universo entero guarde silencio.
Es el reencuentro de lo que siempre estuvo unido.
Un reconocimiento callado, un eco antiguo,
la certeza absoluta de que este instante
ya se había escrito con tinta de estrellas
mucho antes de que el primer aliento tocara la carne,
porque había un pacto sellado en el origen,
un juramento mudo previo al nacimiento:
cruzar el laberinto de los años,
soportar el peso del olvido y la espera,
para volver a mirarse a los ojos
y recordar, al fin, quiénes éramos
sellados en hermosos y eternos besos.
porque ese amor es de hoy y de siempre
porque no existe el tiempo
en nuestro interno universo
Lange Aguiar
Junio 2026