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14 ene 2020

NAVIDAD MÁGICA


LA CENA DE LOS DIOSES INVERNALES

Me siento aquí, frente a la pantalla de mi ordenador, buscando historias que hablen de frío, de hojas muertas, de árboles caídos y flores secas.; de nieves y lluvias; de abrigos y fiestas... La navidad está aquí, se acerca ruidosa, sin tapujos, con luces, música, villancicos y familias enteras que se abrazan y se encuentran.

De repente mi dedos se mueven, escriben sin control lo que mi mente siente y mi corazón piensa. Vuelan juntos a un lugar donde experimenté, muchos años antes, la metamorfosis de mi huerta. Observé, con curiosidad y expectación, el cambio de color de las hojas de mi árbol mas amado: ¡el castaño centenario de la huerta de mi abuela que había heredado!. Estando a su lado, mi alma se estremecía, sintiendo cómo caían sus hojas ante mis pies, desangeladas, frías, hermosas...¡En su color sepias! Caían alfombrando mi camino; sintiendo, al andar, el crujir de sus cuerpos; oyendo sus lamentos, experimentando su destino. Rotas quedaban en el suelo, antes limpio. ahora lleno de bellas hojas secas. ¿secas? ¿bellas? . Preguntas que mis dedos no respondían.

Por un momento Regresé a mi momento presente. Quería salir de aquella visión vivida en la antesala de una extraña navidad, que aún recuerdo como un mágico, pero real, ¿sueño?. Mis dedos seguían sin control, querían seguir escribiendo. En el fondo de mi alma sabía que querían narrar la historia navideña que marcó mi vida por mucho tiempo.

Me detuve justo debajo del viejo castaño. Observé, con deleite, como algunas hojas volaban rebeldes. Revoloteaban en el aire, marcando, con sus movimientos, suaves danzas, al ritmo de las flautas que mi enamorado amigo Eolo les tocara. Sabía que se sentían acariciadas por Eolo, el Alisio de mis islas Afortunadas.

Para observar mejor mi huerta y al anciano castaño que la preside, decido sentarme en un viejo y bello banco de aquel camino. Observo el esqueleto arbóreo que se eleva hacia el cielo. Su vestido de hojas vuelan o están desparramadas por el suelo. Me taladra su metamorfosis en mis venas. Lo veo desnudo, bello, solitario, mostrándome su formas y sus cambios. Sin pensarlo mucho me levanto y le abrazo, siento estremecer sus raíces en mis venas, ¡Deseo fundirme, en ese mismo instante, en su esencia! Sé que es un abrazo que me hace sentir Hijo de la Tierra.

Vuelvo a mi estado consciente. Quiero parar este vuelo de mis dedos, pero ellos me llevan de nuevo a aquel abrazo, al banco donde volví a sentarme tras ese momento. Cerré los ojos, ¡mis dedos seguían escribiendo! Sentí que las agujas del tiempo volaron de mis manos y en un instante estaba experimentando otro momento. Un extraño momento vivido en mi amada huerta, bajo el centenario castaño, ¡mi fiel y viejo compañero!

Era 21 de Diciembre. Sentí que el solsticio de invierno llega siempre grandioso; cubierto de misterio; anunciando el despertar de humildes conciencias; de almas calladas en muchos lugares de la tierra, entumecidas por las gélidas aguas que sus vividas historias eternas cubrieran. Historias húmedas, germen de las semillas que la tierra pariera.

¡De repente mi castaño me habla! Al hacerlo se van encendiendo, entre sus desnudas ramas, luces de colores. Con cada letra , con cada frase pronunciada, se iba iluminando su cuerpo. De pronto un bello, rostro arrugado, extraño surge de su amplio tronco. Él me habla. Con cada palabra dicha se iban formando bellas estrellas. Se detenían ante y alegres danzaban. Sus destellos cegaban, a veces, mi vista. Con su danza iban formando una brillante niebla que nublaba mi destartalada conciencia.

Sentí como la voz de mi amado castaño, retumbaba como un eco muy dentro de mi cuerpo. Su mensaje taladraba mi cerebro, mientras mi corazón fluía por lo que estaba viviendo. Con esa voz profunda el castaño me comunicó su deseo:

  • Quiero traer conmigo a todos los dioses y espíritus del frio, del invierno, del agua y del viento. Quiero que tú participes de este bello encuentro. Quiero hacerles partícipes de este bello momento. Será una grandiosa cena para sellar un acuerdo entre tu mundo humano y el que yo represento. Serán dioses de todo el planeta, los que han vivido en este hermoso tiempo, tiempo que la gente celebra como el solsticio de invierno y que millones de humanos celebran como la Navidad. Son Dioses de todos las culturas, de todas las épocas y países de la tierra. También te traeré, mi joven y amado amigo, a los espíritus y magos existentes en el inconsciente colectivo. Te los traeré para que los conozcan, para que descubras que en verdad existen. Que pertenecen a la vida creada por los sueños colectivos. Es mi deseo que puedas compartir con ellos esta maravillosa cena. Serán ellos las que la prepararan para ti y para todos los convidados a esta Real mesa que con parte de mi cuerpo he creado para este momento”.
Me quedo atónito, extasiado; me froto los ojos para que desparezca aquella visión de mi lado. Me pellizco con fuerza y sigo experimentando que aquel momento es real.
¡Sigo observando mi castaño iluminado y su bello rostro observando mis gestos!
De repente, una puerta misteriosa se abre ante mí y empiezan a cruzarla, genios, dioses, magos, y espíritus. Cada uno vestido con la vestimenta de su cultura. Cada cual con los símbolos de su territorio de procedencia o país de origen. El primero es el luminoso Boreal que se acerca de la mano del frío Skadi. Detrás, galopando sobre una nube, vienen Horus, con sus pico dorado y su bastón, de la mano de la bella Cibeles y su amado hijo Attis. Abrazados a una fina lluvia dorada, aparecen Mitra con su maravilloso tocado; viene acompañado de la hermosa Amatarasu, la diosa de las geisas, con su ropaje de flores y luciérnagas. Ellos dos me rodean haciéndome guiños de eternidad navideña, mostrándome el frio del planeta, el agua que riega las semillas plantadas por Jesús el hijo Encarnado al que llaman el maestro o el profeta. Semillas que plantan ante mi para que reverdezcan en primavera. Uller, el amado hijo de Thor y Sif, miran, de lejos la escena. Él lleva en su mano su insaparable y plateado arco. Ella le espera Tímidamente y juntos se acercan a esta espontánea Fiesta.
De pronto me llega un rico olor tras mi espalda. Al girarme veo al inca Huitzilopochtli, junto a los tres Magos de Oriente, preparando con mucho honor una rica y profusa cena.
El maestro de ceremonia, mi amado castaño, invita a todos los comensales divinos que antes de sentarnos escuchemos las risas que se acercan. ¡Son Papá Noel y San Nicolás, con sus rojas vestimentas y su saco a cuestas. Nos sentamos alegres y justo en ese mágico momento una estrella, efímera y viajera, ilumina el lugar. Se posa sobre nosotros y con ella ¡EMPIEZA LA FIESTA!.

Mi castaño, sonríe, mi guiña su enorme ojo. Yo también sonrío, mientras me froto con fuerza los ojos.

Regreso a mi ordenador. Quietos se quedan mis dedos. Justo en ese momento un poema volando se posa sobre mi pantalla. Un poema que en otro tiempo yo mismo escribiera.. Quiere formar parte de este instante, de este un sueño real de mi eterna esencia.

La Navidad es una bella palabra , es el mejor sonido
Las Navidades son Voces lanzadas al viento de la esperanza
Son palabras que producen ondas inmensas en el mar de la existencia.
Ondas que producen olas que acarician almas desorientadas
Almas que con las nuestras forman la vida
de este planeta madre de tierra encantada.
Tocan las trompetas, suenan de fiesta
¡Llega el invierno en la mitad del Planeta,
y con él, los encuentros, los abrazos, los regalos y las cenas!”
LANGE AGUIAR. ((Miguel Díaz)