Creando, construyendo, disfrutando lo que somos, experimentando lo que escribimos...

Bienvenido al blog de Lange Aguiar.
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Está permitido emocionarse, llorar, reir y, sobre todo SER, COMPRENDER y VIVIR.

27 jun 2026

Una reflexión mientras camino

ESCRIBIR O SANAR

El tintineo lejano de las campanas de la Concepción me devuelve por un instante a la realidad de mis pasos. Camino por el paseo de San Diego, aquí en La Laguna, sintiendo el aire fresco de la mañana en la cara, pero mi mente está en otra parte. Está atrapada en ese laberinto que bien conozco: el síndrome del escritor, o del poeta, o simplemente de alguien que arrastra la necesidad imperiosa, casi física, de comunicar lo que late aquí dentro. A veces pienso, sin ninguna duda, que todo en esta vida tiene que ver con la literatura.

Por eso, en días como hoy, me descubro buscando con desesperación entre papeles viejos, rescatando conversaciones que dejé escritas con amigos y personas que cruzaron mi camino; retazos de papel donde alguna vez profundicé en elementos existenciales de la vida, en reflexiones descalzas. Intento unir esas palabras huérfanas, esos pensamientos y sentimientos dispersos, para ver si de una vez por todas logro dar a luz la historia. La gran historia.

Pero hoy la nostalgia pesa más que de costumbre. Me asalta el síndrome del impostor. Me miro por dentro y me pregunto si realmente soy capaz de sentarme de nuevo frente a una máquina de escribir —como lo hice durante tantos años— o ante una pantalla en blanco a emborronar folios y letras para crear los mundos que siento.

Tengo tantas novelas vivas en la cabeza...

* La mujer de la maleta.

* El viaje de Leugim

* Las historias de mi juventud y los recuerdos de la infancia.

* Los relatos de mi padre y de mi madre.

* Las vivencias de mis tíos atrapados en la guerra civil española.

Tantos proyectos comenzados, tantas páginas sueltas escritas... y de repente, el vacío. No sé qué pasó en el camino, pero hoy siento la dolorosa nostalgia de decir "no puedo más". Y sin embargo, justo al segundo siguiente, sé que necesito hacerlo. Es la gran paradoja. Escribir es la terapia de mi vida, el aire que me salva.

Irónicamente, soy psicólogo. Me paso los días —y me he pasado los años— habitando el territorio del dolor y la esperanza ajena. En mi despacho me he encontrado a cada instante con situaciones complicadas de vida. Podría escribir cientos de historias sobre aquellas personas que se acercaron a pedir ayuda, intentando mejorar su existencia, cambiar sus caminos malditos. Yo solo aportaba herramientas, pero eran ellos quienes hacían el milagro de transformarse.

Y ahí es donde mi propio pensamiento se interrumpe y se quiebra, porque a veces no sé cómo expresar lo que yo mismo siento. Es el colmo del terapeuta. Vivo en mi propia incertidumbre, con unas ganas feroces de cambiar, de dejarlo todo, de olvidarme de mi existencia interior... por miedo a no saber cómo volver a ser. Volver a ser yo.

El paseo de San Diego se vuelve más silencioso a medida que me acerco al final del camino. El viento de la tarde empieza a mover las hojas de los árboles. Siento el peso de todos esos libros no escritos en los hombros, como una losa. Me detengo. Saco las manos de los bolsillos y observo mis propias palmas, gastadas de tanto sostener historias ajenas y tan vacías de las mías propias.

—¿Volver a ser? —me pregunto en voz alta, mirando el horizonte de los tejados laguneros—. ¿Y si el problema es que busco volver a ser el que fui, en lugar de aceptar el que soy?

En ese momento, noto un crujido bajo mi zapato. Me agacho. Es un trozo de papel arrugado, de color amarillento, que el viento ha debido arrastrar desde alguna papelera o algún rincón del paseo. Lo recojo con curiosidad y lo desdoblo.

No hay nada impreso en él. Es un papel completamente en blanco, pero tiene una textura firme, idéntica a la de los folios que alimentaban mi vieja máquina de escribir. Lo sostengo contra la luz tamizada de La Laguna y, de repente, la perspectiva cambia.

Aquellas vidas rotas que entraban en mi despacho no buscaban "volver a ser" el pasado; buscaban la valentía de escribir un capítulo nuevo sobre sus heridas. Las novelas que habitan en mi cabeza —Leugim y sus viajes, la mujer de la maleta, mis padres, mis tíos— no están muertas por estar incompletas. Son la materia prima de mi sensibilidad. El impostor no existe; solo existe un hombre que siente demasiado.

Miro el papel en blanco en mi mano y, por primera vez en mucho tiempo, no siento angustia ni vértigo. Siento una profunda paz. La literatura no es un destino al que hay que llegar tras publicar mil libros; la literatura es esto que estoy haciendo ahora mismo. Es caminar, es recordar, es dudar, es la mirada con la que observo el mundo. Mi vida entera ya es la novela.

Guardo el papel limpio en el bolsillo del abrigo, cerca del corazón. Aprieto el paso de vuelta a casa. Ya no tengo miedo a la incertidumbre, porque sé exactamente qué voy a hacer al llegar: sentarme, sonreírle al vacío y, simplemente, empezar a emborronar la primera página.

Lange Aguiar- 26 de Junio de 2026. La Laguna. Tenerife



12 jun 2026

Una oración al mar

UNA ORACIÓN AL MAR

El sonido de las olas rompiendo con fuerza contra la arena me acompaña mientras camino hacia la orilla. La tarde va cayendo en Canarias, en Punta Larga de Candelaria y el océano Atlántico se extiende ante mí como un espejo infinito, uniendo el cielo y la tierra. Busco este espacio de paz porque mi mente y mi corazón están llenos de preguntas, de una contradicción que me quema por dentro y que necesito soltar.


Me siento en la arena húmeda, permitiendo que la brisa marina me acaricie la piel, y elevo mi mirada y mi pensamiento hacia ti. Hacia ti, Yahvé, Papá Dios, Madre creadora del amor. Sé que estás aquí, en la inmensidad del mar, en el susurro del viento y en el latido de mi propio pecho.

Con el eco de la reciente visita del Papa León XIV a España, y más concretamente a nuestras islas, no puedo evitar que el contraste me sacuda. Te siento en mi interior, Señor, y te lanzo la pregunta que me da vueltas en la cabeza:


—¿Cómo puede, dime Señor, un hombre solo movilizar la vida, movilizar a la gente, concentrarla para llevarles un mensaje de amor a sus conciencias? ¿Cómo puede hacerlo para desarrollar comprensión, solidaridad, amor, entrega, compasión y justicia, sin violencia, cuando resulta que tiene un séquito de cientos y cientos de policías, de cientos y cientos de seguridad, de altares alzados para reverenciarte en tu nombre?


El mar brama con suavidad, como si escuchara el peso de mis palabras., esa palabra internas que resuenan en mi alma.

—Va pertrechado en una cabina de cristal, Señor. Se invierte en todo lujo de detalles para poder ofrecer un homenaje a ese hombre que está hablando en nombre de tu amor. Se le reverencia, se le trata como a un emperador. Se gastan millones y millones de euros en todo este viaje mientras la gente no tiene vivienda y muere de hambre, son bombardeados niños y escuelas. Se hace todo el esfuerzo de sacar dinero de donde sea para poder organizar un viaje en nombre de la paz y del amor de un sacro pontífice . Y es ahí donde me quedo absorto, sin comprenderlo del todo y siempre en tu nombre.

Me dejo abrazar por unos instantes en silencio, contemplando la espuma blanca que se deshace en mis pies. Me miro hacia mi propio interior, porque yo también soy TÚ Señor, y me pregunto con dolor:

—¿Por qué en mi nombre? ¿Por qué en TU nombre? SE que el poder económico y político lo cubre todo. es verdad que moviliza conciencias, que la fe moviliza emociones, sentimientos y lágrimas. Pero es una imagen a un Cristo crucificado y a una virgen morena que no viven pues ha resucitado y ascendido a la vera DEL PADRE-MADRE. Me pregunto y sigo preguntándome: ¿Por qué en tu nombre, cuando tú decías que no tomemos el nombre del Padre, De Dios en vano?

Quiero que me escuches bien, Madre creadora, Papá Dios; no hablo desde el odio ni el rencor. No estoy en contra de que venga, no estoy en contra de que esté aquí. Sé que es un jefe de Estado de una pequeña nación, ubicada en un territorio pequeño, pero que aglutina a cientos y cientos de millones de seres humanos en el planeta. Reconozco ese misterio y ese alcance. Pero no puedo evitar soñar despierto frente a este mar:


—¡Qué hermoso sería si esa misma capacidad estuviera convocándose para decirle "no" a la guerra! Qué hermoso sería, con esas movilizaciones tan profundas, gritar con fuerza que los estados dejen, en el nombre de no sé quién de matar y asesinar a niños inocentes; que dejen, en el nombre de no sé qué, de arrasar con territorios enteros, con países o con pueblos. Y ahí no puedo seguir, siento señor que estas lágrimas que llenan mi rostro no perturbe tu paz, pero sé que tú me escuchas , que mi alma me escucha y que mi ESENCIA ME ABRAZA CON AMOR.


Una ola un poco más fuerte moja mis pies y salpica mis manos y mi cara. Siento que es como un abrazo tibio en medio de mi confesión. Suspiro profundamente, dejando que el aire puro de la costa llene mis pulmones, y concluyo mi diálogo contigo, sintiendo que mi voz se une a la fuerza de la naturaleza:
—Qué hermoso sería que esa capacidad de convocatoria pudiera revolucionar este planeta... Millones de voces, unidas, gritando: ¡Sí al amor! ¡Sí al amor!


Me quedo allí, sentado en la orilla, en la playa de este municipio de Candelaria bajo el cielo de Canarias. El sol comienzas a esconderse, pero en mi interior queda una claridad limpia. Sé que me has escuchado, SIENTO QUE ME HE ESCUCHADO, porque el amor que reclamo para el mundo es el mismo que siento vibrar en la inmensidad de este mar y en el fondo de mi alma resucitada, y desde ese mismo amor que tú expresabas en el calvario clavado a tu cruz de VIDA y a mi propia cruz de esta vida
.

Lange Aguiar- 12 de Junio del 2026


9 jun 2026

 Esta es una historia inventada, o cuento o fábula inspiradas en un corsario muy conocido, en una preciosa florista, su amada y en un clérigo o sacristán  que viven una gran aventura pues  donde las brumas de La Laguna esconden secretos más profundos que el simple oro, y donde la lealtad se pone a prueba bajo la sombra de lo desconocido.

1. 

Las Sombras del Aguacero: El Secreto de Pargo

Amaro Pargo era un corsario cuya audacia solo era igualada por su hermetismo. Su vida era un vaivén entre los cañonazos en alta mar y el silencio de las calles empedradas de La Laguna. Aquella noche, el aire no solo traía sal, sino un presagio frío que erizaba la piel. Al atracar el  "Aguacero", Amaro no buscaba solo descanso; buscaba respuestas a un pergamino que quemaba en su bolsillo.

En el mercado, el bullicio habitual se sentía distinto. Allí estaba Juana, su amada y bella florista, cuya mirada siempre había sido el faro de Amaro, acompañada por Pedro, un joven sacristán de la Catedral con una curiosidad intelectual que a menudo rozaba lo peligroso. Pedro no solo conocía los archivos de la ciudad, sino que sabía leer los silencios de la historia.


—Amaro, llegas con el rostro ensombrecido —dijo Juana, dejando de lado un ramo de aceviños—. Ni el sol de las Indias te ha dado color esta vez.

—No es el sol lo que me preocupa, Juana, sino lo que la oscuridad oculta —respondió Amaro, extendiendo un mapa que no mostraba rutas comerciales, sino extrañas inscripciones en latín y símbolos que Mateo reconoció al instante.

Pedro se acercó, ajustándose los anteojos.

—Este no es un mapa de tesoros comunes, Amaro. Estos símbolos pertenecen a la "Orden del Teide", una secta que se cree custodiaba reliquias antes de la conquista. Dicen que no buscaban oro, sino el "Corazón de la Tierra".

2. 

El Misterio se Profundiza

Juana, lejos de amedrentarse, sintió un escalofrío de excitación.

—Si ese mapa habla de las cuevas de nuestra isla, no es solo un botín. Es nuestra historia. Pero mira aquí... —señaló una mancha de cera negra en la esquina del papel—. Alguien más ha intentado leer esto, y no hace mucho.

—Rodrigo —gruñó Amaro—. Mi antiguo rival. No busca riqueza para la Corona, busca un poder que no comprende.

Esa misma noche, los tres se reunieron en el puerto. El plan era sencillo pero arriesgado: Pedro descifraría las marcas del terreno, Juana usaría su conocimiento de los senderos ocultos de los montes, y Amaro pondría el acero. Sin embargo, antes de zarpar, una figura encapuchada los observaba desde las sombras de los almacenes, desapareciendo justo cuando la luna se ocultó tras una nube.

 3. 

La Cueva de los Susurros

Al llegar a la costa norte, donde el mar ruge contra los acantilados de basalto, encontraron la entrada a una gruta sumergida. Al entrar, el eco de sus pasos se mezclaba con un susurro extraño, como si las paredes de piedra recordaran voces antiguas.

—Esto no es una cueva natural —susurró Pedro, señalando grabados de dragos y soles en la piedra—. Es un templo.

De pronto, una risa seca resonó en la oscuridad. Rodrigo apareció de entre las sombras, rodeado de hombres armados. Pero no traían palas, sino extraños amuletos.

—Pargo, siempre tan previsible —dijo Rodrigo—. Crees que esto es oro. Pero este lugar guarda el eco de los que estuvieron antes. El mapa solo es la llave para despertar algo que tú, un simple corsario, no podrías controlar.

La tensión estalló en un choque de aceros. Mientras Amaro contenía a Rodrigo en un duelo feroz donde las chispas de las espadas iluminaban la penumbra, Juana y Pedro se dieron cuenta de que la trampa no era física, sino mecánica. El suelo empezó a vibrar.

—¡Amaro, el mapa! —gritó Pedro—. ¡No es una ruta, es un código rítmico!

Juana, con una agilidad asombrosa, utilizó el peso de unas estatuas de piedra para bloquear el mecanismo que Rodrigo intentaba activar para sellar la cueva con ellos dentro. Con un movimiento coordinado, Pedro activó el cierre inverso, atrapando a los hombres de Rodrigo en una sección lateral mientras el camino hacia el verdadero secreto se abría.

4. 

El Verdadero Tesoro

Al fondo de la cámara no encontraron cofres de doblones. En su lugar, sobre un altar de piedra volcánica, descansaba un antiguo astrolabio de oro y cristal de roca, grabado con las constelaciones exactas que se veían sobre las Canarias hacía siglos.

—No es dinero —dijo Juana con asombro, tocando el cristal—. Es conocimiento. Un mapa de las estrellas para navegar sin necesidad de tierra a la vista.

Amaro bajó su espada, respirando agitado. Rodrigo había huido por un pasadizo secundario, pero ya no importaba.

—Este instrumento vale más que todo el oro del Aguacero. Es el poder de descubrir nuevos mundos sin perderse en el camino.

Al salir de la cueva, mientras el primer rayo de sol iluminaba el Teide, Amaro miró a sus compañeros. Juana, con su valentía indomable, y Pedro, con su sabiduría silenciosa, habían sido la verdadera brújula.

—La Laguna guardaba un misterio que casi nos cuesta la vida —concluyó Amaro—, pero ahora sé que los mayores tesoros no se gastan en tabernas, se protegen con la lealtad.

Regresaron a casa antes de que la ciudad despertara del todo, guardando el secreto del astrolabio. Amaro Pargo siguió siendo el corsario del Rey, pero desde aquel día, cada vez que miraba al cielo nocturno junto a Juana, sabía que su destino no estaba escrito en los mapas de los hombres, sino en el misterio compartido de su propia tierra.

8 jun 2026

UN PEQUEÑO CUENTO CANARIO

 


Bentor tenía dieciséis años, hijo de una familia humilde y muy comprometida con la realidad del barrio donde vivían.   Era un joven inquieto, muy inteligente y con una mente que nunca se callaba. Vivía atrapado en la prisa del día a día, hasta que una tarde decidió cerrar los ojos y buscar algo diferente. Se sentó en silencio y se entregó a la meditación.
Al principio, su mente se llenó de un pensamiento tras otro: las tareas pendientes, las dudas sobre el futuro, las expectativas de los demás. Pero no se detuvo. Decidió bajar el ritmo y prestar atención a lo que pasaba en su interior. Fue entonces cuando el ruido cesó y dio paso al sentimiento puro. Una intensa emoción de paz, que nunca antes había experimentado, lo inundó por completo.

En ese estado de calma, Bentor experimentó un encuentro consigo mismo, una conexión tan profunda que sintió cómo se encendía una chispa de sabiduría en su interior. Fue un verdadero despertar; abrió los ojos al mundo con una mirada limpia, dándose cuenta de que sus acciones individuales cobraban un nuevo sentido cuando se unían a las de los demás. Ese segundo encuentro, esta vez con la realidad de su entorno, encendió en él un fuerte deseo de solidaridad.

Ya no bastaba con soñar; era el momento de la acción y del compromiso. Bentor se unió a un grupo de jóvenes de su barrio para transformar un terreno baldío en un huerto comunitario. Ese proceso de creación colectiva no solo transformó el paisaje, sino que trajo una nueva luz a su propia vida.

Mientras sembraba y trabajaba la tierra, sintió una vibración cálida en el corazón. Comprendió que su futuro no era una meta lejana, sino una proyección de lo que construía en el presente. Miró a su alrededor, a sus amigos sonriendo y trabajando juntos, y supo que el verdadero sentido de todo no era otro que compartir amor a través de lo más simple y de los hechos  cotidianos. 
Lange Aguiar, 6 de junio 2026

7 jun 2026

Versos de amor sin límites

El amor más allá de los tiempos y las fronteras

A través del mapa invisible que no entiende de aduanas,

allí donde las fronteras son solo líneas de tiza sobre la tierra,

dos corrientes de aire se buscan sin saberlo, 

dos almas de aliento divino son, 

 desafiando la distancia,

el rugido herido de los mares, 

los años transcurridos 

y la soberbia de las montañas.

No importa el viento que intente desviar el rumbo,

ni los inviernos que congelen los relojes.

Cuando el tiempo, por fin, se cansa de esperar,

basta el destello fugaz de una mirada

o el puente colgante de una sonrisa a través de las redes 

para que el universo entero guarde silencio.

Es el reencuentro de lo que siempre estuvo unido.

Un reconocimiento callado, un eco antiguo,

la certeza absoluta de que este instante

ya se había escrito con tinta de estrellas

mucho antes de que el primer aliento tocara la carne, 

porque había un pacto sellado en el origen,

un juramento mudo previo al nacimiento:

cruzar el laberinto de los años,

soportar el peso del olvido y la espera,

para volver a mirarse a los ojos

y recordar, al fin, quiénes éramos 

sellados en hermosos y eternos besos. 

porque ese amor es de hoy y de siempre

porque no existe el tiempo 

en nuestro  interno universo 

Lange Aguiar

Junio 2026

6 jun 2026

LA MEDITACIÓN

 EL SILENCIO DE LA TARDE

En el silencio de la tarde,
comienza la meditación.
Se acalla el pensamiento apurado
para dar espacio al sentimiento que brota,
a esa emoción latente que expande el pecho.
En el refugio de la calma ocurre el encuentro:
un chispazo de sabiduría antigua,
un dulce despertar del alma
que de pronto lo comprende todo.
Y de ese centro interno nace otro encuentro,
esta vez con el mundo, con el hermano,
dibujando la mano abierta de la solidaridad.
Ya no es tiempo de esperar:
brota la acción decidida,
el compromiso inquebrantable de los justos,
la creación de una nueva realidad.
Una luz clara inunda el corazón,
que se convierte en una proyección infinita hacia el mañana,
en el simple y revolucionario acto
de compartir amor.
Lange Aguiar 6 de Junio  2026

5 jun 2026

MIS SONETOS

A La Sagrada Luz
 


*SONETO A LA SAGRADA LUZ*
La vida tiene nombre de mujer,
en su vientre se acuna el universo,
donde el misterio más sagrado y terso
comienza dulcemente a florecer.

De su cuerpo la luz vuelve a nacer,
rompiendo la penumbra en un reverso,
y en su pecho de amor, puro e inmenso,
brota el sustento que nos hace ser.

Manantial de la tibia existencia,
que nutre al caminante en este suelo
con la leche bendita de su celo.

Es refugio, raíz, alma y esencia;
el milagro viviente que en la Tierra
toda la gloria del planeta encierra.
Lange Aguiar Junio 2026


4 jun 2026

MI PROPIO ECO

 

Mi propio eco 

A veces
muchas veces,
detengo el paso.
Un alto silencioso en mitad del ruido,
un no saber qué me pasa
mientras la tierra, bajo mis pies, se mueve.
Lo más profundo de mí no encuentra palabras.
Tengo un deseo urgente de mudar la piel,
de alterar el curso de mis sensaciones,
de pronunciar, por fin, un "no" rotundo
a los compromisos que caen, como lluvia de plomo,
sobre mis hombros.
Y la noche me pasa factura:
el dolor se instala tras mi frente,
el insomnio desvela mi fatiga
y las pesadillas muerden mis horas de descanso.
Porque cambiar es un territorio duro,
un paisaje difícil.
Sin embargo, insisto en construir.
Persisto en crear, en sostener el reflejo,
en alimentar una imagen para la mirada ajena:
—"Era coherente", dirán,
"cumplía su palabra, estaba comprometido"—.
Mantener este perfil, esta presencia intacta,
me cuesta sangre.
Una voz interna me susurra: se acabó.
Pero continúo.
Silencioso.
Con las heridas latiendo hacia dentro
y los sentimientos astillados, rotos.
Soporto el peso de mi propio eco,
esperando el instante exacto:
ese destello valiente y definitivo
para soltar amarras,
cambiar de rumbo
y adueñarme, de una vez por todas,
de las riendas de mi propia vida.
Lange Aguiar


2 jun 2026

Volver siempre no es volver, es repetir.

El rastro de lo andado

El tiempo no es algo que se va,

es algo que se asienta,

una reserva que guardamos en la despensa

para cuando el presente necesita sentido.

Experiencias que fueron espera,

momentos que hoy son trofeo y son refugio.

Vuelvo a caminar por estas calles,

las aceras que conocen mis pasos de entonces,

y regresan los rostros, las miradas que buscaban,

aquel deseo urgente de los cuerpos que se encuentran.

El placer era algo esquivo,

una humedad que se escurría entre los dedos,

pero siempre volvíamos al mismo lugar,

al centro exacto de la búsqueda.

Es una etapa que ya no me pertenece,

un mapa cuyas fronteras he cruzado hace tiempo.

No busco el orgullo en lo que hice,

ni pretendo colgar medallas sobre mis errores;

lo que queda es la huella en el camino,

esa lucidez que solo llega

cuando dejas de perseguir y empiezas a entender.

Me detengo ante los bares de siempre,

esos templos de ocio y noche

donde el humo y el sudor dictaban las reglas.

Cierro los ojos y el destello sigue ahí:

los cuerpos bailando, el eco de la música,

la vida ardiendo en cada esquina.

Abro los ojos y sonrío.

No hay nostalgia, solo reconocimiento.

Lo vivido está hecho,

se ha quedado tatuado bajo mi piel

como una verdad que nadie puede borrar.

Lange Aguiar

Madrid 29 de Abril 2026