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1 jun 2026

Jugando a realizar textos breves y microrrelatos

DE MÁS A MENOS


1.- Muchas noches Soñé con un sueño imposible, una estrella brillante a la que nunca pude tocar.  Un estrella  radiante, hermosa,  con mucha fuerza y rebosante de luz . Pero también  desperté en otra noche oscura, donde la soledad y el miedo me arrullaban con su abrazo frío, distante, tenebroso y solitario. Cada noche me acercaba más, al sueños de la estrella hermosa y  feliz y decidido quería acercarme un poco más,  pero al amanecer el horizonte se alejaba, burlón e infinito. Una mañana desperté en otra realidad: atrapado en una pesadilla más oscura, donde la incertidumbre y el miedo tejían una red invisible a mi alrededor, y la voz de la duda susurraba que nunca llegaría. El peso de la frustración me hizo cerrar los ojos con fuerza, deseando escapar de ese ciclo sin fin. Pero el verdadero despertar no llegó con un milagro, sino con un gesto pequeño: aceptar que el sueño no debía ser un punto lejano, sino un camino que recorrer, imperfecto y lleno de aprendizajes. Un sueño que me recordaba lo que era, lo que sentía  y lo que había venido a vivir. Al abrir los ojos, comprendí que la luz de la estrella no estaba afuera, sino en esa chispa de valentía que me impulsaba a seguir, a caer y levantarme, a caminar aunque la meta pareciera imposible.  Que esa estrella estaba dentro de mí y que tenía que abrirla a los demás, a mostrar su luz.. Y fue en esa aceptación, en esa comprensión,  donde encontré mi verdadero despertar.

2.- Soñé con un sueño imposible, una estrella lejana que me llamaba desde un rincón inalcanzable del cielo. Cada noche me acercaba más, feliz y decidido, pero al amanecer el horizonte se alejaba, burlón e infinito. Una mañana desperté en otra realidad: atrapado en una pesadilla más oscura, donde la incertidumbre y el miedo tejían una red invisible a mi alrededor, y la voz de la duda susurraba que nunca llegaría. Cerré los ojos y, al despertar de verdad, encontré en mí la luz que creí perdida: 

3.Soñé con un sueño imposible, una estrella lejana que me llamaba desde un rincón inalcanzable del cielo- Cuando desperté, me encontré atrapado en otra pesadilla, donde la frustración y la duda eran mis únicas compañeras. Cerré los ojos con fuerza, deseando despertar de verdad, y al abrirlos, comprendí que el verdadero despertar era aceptarme y seguir intentando, aunque el sueño pareciera inalcanzable.

4.- Soñé con un sueño imposible y no pude alcanzarlo. Desperté en otro sueño peor. Cerré los ojos y decidí despertar de verdad, siendo Y0.


DE MENOS A MÁS 

1.-Salí con dudas y la lluvia me atrapó sin refugio. Dejé de huir y la abracé; en sus gotas encontré la calma que buscaba 

2 .-Sali a la calle con dudas. Caminé bajo la lluvia, buscando un refugio que nunca apareció. Las gotas empapaban mi ropa y mi paciencia, pero seguí adelante, sin prisa ni miedo. Entonces me detuve, abracé el agua que caía sobre mí y, en ese instante, sentí cómo su esencia limpiaba cada duda y llenaba mi alma de vida.


 3.- Salí a la calle bajo un cielo encapotado, con el alma cargada de dudas y un corazón que no encontraba ritmo. La lluvia comenzó a caer justo cuando mis pasos vacilaban, sin un rumbo claro ni un refugio a la vista. Cada gota sobre mi piel parecía un susurro del mundo recordándome que, a veces, hay que dejarse mojar para sentir. Sin resistirme más, me detuve, abracé el agua que me envolvía y, en ese abrazo frío y liberador, sentí cómo la lluvia lavaba mis miedos, despertaba mi esencia y devolvía sentido a mi caminar.


4.-Salí titubeando a la calle bajo un cielo encapotado, una cúpula plomiza y baja que parecía inclinarse sobre los tejados, atrapando el aire y la luz.  El día carecía de matices, teñido de un gris uniforme que encajaba perfectamente con lo que llevaba dentro. Caminaba con el alma cargada de dudas, un peso invisible pero rotundo que entorpecía cada pensamiento, arrastrando preguntas para las que no encontraba respuesta y un corazón que no encontraba ritmo; latía descompasado, ajeno al pulso del mundo, como un reloj cansado que ha perdido su centro.
Mis pasos vacilaban en la acera, erráticos, deteniéndose ante los escaparates sin mirar realmente nada. No había un rumbo claro en mi mente, ninguna meta que justificaría el esfuerzo de avanzar, ni tampoco un refugio a la vista donde esconderme de la mirada del día o de mí mismo. Fue en ese instante de absoluta intemperie cuando las nubes terminaron de romperse. La lluvia comenzó a caer, primero como un vaho fresco que humedecía el asfalto, y después en hilos gruesos y decididos que lo envolvieron todo en un murmullo blanco.
Alrededor, la gente empezó a correr, buscando la prisa de los portales, el amparo de los paraguas o el cobijo de los cafés. Yo, en cambio, me quedé suspendido en el centro de la prisa ajena. Cada gota sobre mi piel, el frío golpeando mi frente y resbalando por mis mejillas, comenzó a perder su condición de inclemencia. Ya no era un clima hostil; parecía, más bien, un susurro del mundo recordándome que, a veces, la única forma de romper la anestesia de la rutina y el dolor es desarmarse, romper la coraza y dejarse mojar para volver a sentir la vida en su estado más puro.
La resistencia que me había mantenido tenso durante semanas se disolvió en un segundo. Sin resistirme más, me detuve en seco, ajeno al agua que inundaba mis zapatos y empapaba mi ropa. Deseé que el tiempo se congelara allí mismo. Abracé el agua que me envolvía, abriendo los brazos a la tormenta como quien recibe a un viejo aliado y, en ese abrazo frío y liberador, sentí cómo la lluvia lavaba mis miedos, despertaba mi esencia y devolvía sentido a mi caminar.

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